Petrolatos y glicerina: los cosméticos más usados ¿son realmente tóxicos como nos hacen creer?

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En la era del acceso inmediato a la información, conviven dos realidades aparentes: por un lado, la disponibilidad de datos técnicos y regulados sobre ingredientes cosméticos; por otro, la proliferación de mensajes en redes que alertan —a menudo en tono alarmista— sobre “intoxicaciones” por derivados del petróleo o “disruptores endocrinos” ocultos en productos de uso tópico. El resultado: consumidores confundidos y más vulnerables a titulares extremos que a la evidencia. Este artículo explica con detalle qué dice la ciencia y la regulación sobre vaselina (petrolatum) y glicerina (glycerin), cómo distinguir productos seguros y si los derivados altamente purificados pueden actuar como disruptores endocrinos.

Ruido informativo o riesgo real

Los posts sensacionalistas suelen mezclar tres elementos: (a) la química compleja del petróleo, (b) la existencia de contaminantes preocupantes en formas no refinadas (p. ej. PAHs — hidrocarburos aromáticos policíclicos) y (c) la palabra “disruptor endocrino”, que hoy moviliza detección emocional inmediata. Esa mezcla produce titulares que dan por hecho toxicidad sistémica sin distinguir entre materia prima cruda y ingrediente cosmético farmacéuticamente refinado. Esa distinción es la clave: los riesgos documentados se asocian a impurezas no removidas en materiales industriales, no a petrolatum o glycerin grado USP/EP usados en cosmética regulada.

Qué son químicamente y cómo actúan en la piel

  • Petrolatum (vaselina): mezcla semisólida de hidrocarburos que actúa como oclusivo —crea una barrera que evita la evaporación del agua transepidérmica— y se usa para reparar barrera, labios agrietados, manos, talones y después de procedimientos.
  • Glycerin (glicerina/glycerol): alcohol polihídrico humectante; atrae y retiene agua en la epidermis, mejora flexibilidad y sensación de hidratación.

Ambos cumplen funciones complementarias: la glicerina “atrae” agua; la vaselina “sella” esa hidratación. Ninguno introduce por sí mismo agua ni “activa” hormonas en la piel. (Explicación y usos ampliamente descritos en literatura técnica y fichas de seguridad).

¿Pueden los petrolatos altamente purificados ser disruptores endocrinos?

Nos atrevemos a decirlo así: la evidencia disponible no identifica al petrolatum farmacéutico (refinado) ni a la glicerina purificada como disruptores endocrinos. Los puntos clave:

  1. La preocupación real son las impurezas (p. ej. PAHs). Esos compuestos pueden tener perfiles tóxicos y algunos están asociados a efectos adversos a largo plazo; por eso la regulación exige procesos de refinado y límites de contaminantes para petrolatum de uso cosmético y farmacéutico.
  2. Evaluaciones regulatorias: las autoridades y las monografías farmacéuticas establecen especificaciones y pruebas para petrolatum y glycerin destinados a uso en cosméticos/fármacos; cuando se cumplen, la sustancia final tiene purezas muy altas y niveles de impurezas por debajo de umbrales de preocupación. En muchos consumos regulados (productos para bebés, áreas perioculares), se exige calidad farmacéutica.
  3. Estudios específicos y metodologías modernas: investigaciones recientes muestran que, para evaluar la posible liberación de compuestos capaces de interferir con receptores hormonales, se usan simulantes y combinaciones de bioensayos más análisis químico. Algunos estudios usan glycerin o paraffinic simulants en estrategias integradas para evaluar compuestos liberados; esto es parte de un enfoque de seguridad, no evidencia de que glycerin o petrolatum purificados sean EDC por sí mismos.
  4. Glicerina: tiene un extenso historial de uso farmacéutico y alimentario; las fichas de seguridad y revisiones no la listan como EDC y su toxicidad es baja cuando es grado USP/EP.

En suma: la hipótesis de que petrolatum o glycerin altamente refinados son disruptores endocrinos no está soportada por la evidencia actual; la discusión válida es sobre la posibilidad de contaminación en materiales no refinados y sobre asegurar trazabilidad y controles de calidad.

Por qué proliferan los posts alarmistas (y por qué confunden)

  • Simplificación extrema: “derivado del petróleo = tóxico” es una frase sencilla que moviliza clicks; no distingue grado de refinado ni normativa.
  • Sesionamiento de evidencia: algunos grupos citan riesgos asociados a PAHs sin aclarar que esos riesgos derivan de petrolatum no refinado.
  • Economía de la atención: afirmar que “todo lo petrolífero es disruptor” genera reacciones fuertes; los lectores recuerdan titulares, no matices.
    El efecto: consumidores toman decisiones basadas en temor en vez de en criterios verificables (INCI, certificaciones, registros regulatorios).

Cómo verificar por ti mismo si un producto que contiene petrolatum o glycerin es seguro

Fijarse en criterios prácticos, replicando la mejor evidencia/regulación:

  1. Revisa el INCI:
    • Petrolatum debe figurar como Petrolatum (o Petrolatum, USP / White Petrolatum).
    • Glycerin debe figurar como Glycerin.
      La presencia del nombre INCI indica uso de ingrediente cosmético refinado según normativa. (Ver monografías/registros).
  2. Busca especificaciones farmacéuticas o certificaciones: USP, EP/Ph. Eur., BP o indicación “pharmaceutical grade” o “USP grade” son garantías de pureza. Para productos dirigidos a bebés/ojos/post-procedimiento, esa indicación es muy relevante.
  3. Registro y mercado: si se vende en la UE debe estar notificado en CPNP; en EE. UU. las fórmulas y las materias primas para OTC suelen cumplir monografías. Productos comercializados por marcas reconocidas y vendidas en canales regulados tienen menor probabilidad de contaminación.
  4. Ojo con envases y origen: productos artesanales sin etiquetado INCI, sin lote ni fabricante claro, o con coloración/olor anormal (vaselina amarilla/parduzca u olor a hidrocarburo) deben considerarse sospechosos.
  5. Consulta la FDS / ficha técnica: una Safety Data Sheet (SDS) o ficha técnica del fabricante suele indicar ausencia de EDC conocidos o límites de impurezas; p. ej., las SDS modernas de glycerol declaran ausencia de EDC relevantes en concentraciones significativas cuando se trata de producto grado técnico/cosmético.

¿Existen alternativas “más seguras”?

Depende del objetivo:

  • Para oclusión (sello de hidratación): dimeticona (silicona) y manteca de karité son alternativas. Si la preocupación es evitar derivados del petróleo por convicción personal, el karité o ceras naturales son opciones; pero en términos estrictos de seguridad para la salud, petrolatum USP es equivalente o mejor por su inercia y perfil probado.
  • Para humectación: ácido hialurónico, urea o otros humectantes suelen ofrecer mayor efecto “hidratante” sin sensación grasa.

La elección debería basarse en función (oclusivo vs humectante), tolerancia cutánea y reglamentación del producto, no sólo en etiquetas “libre de petróleo”.

Recomendaciones prácticas

  1. Diferenciar crudeza de la materia prima y el ingrediente final. El riesgo está en impurezas (PAHs) no en petrolatum/glycerin de uso estético o grado farmacéutico.
  2. Exigir transparencia en etiquetado: INCI claro, certificaciones (USP/EP), ficha técnica y número de lote.
  3. Sospechar de productos sin INCI o vendidos en canales no regulados. Evitar conclusiones absolutas extraídas de posts virales.
  4. Para pacientes vulnerables (bebés, piel dañada, uso periocular, post-operatorio): preferir marcas con petrolatum/glycerin farmacéuticos y etiquetado farmacéutico.

La narrativa alarmista sobre “todos los derivados del petróleo como disruptores endocrinos” triunfa en redes porque es simple y emocional; sin embargo, simplificar la química y la regulación en ese sentido conduce a decisiones mal informadas. La evidencia y la práctica regulatoria distinguen entre contaminantes de materia prima cruda y ingredientes cosméticos farmacéuticamente refinados. Cuando petrolatum y glycerin cumplen especificaciones USP/EP y provienen de cadenas de suministro controladas, no existen datos sólidos que los clasifiquen como disruptores endocrinos. La estrategia más responsable para el consumidor y el periodista es exigir trazabilidad, etiquetado claro y respaldo regulatorio en lugar de difundir mensajes absolutos que confunden más que informan.

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