Con la llegada del invierno, muchas personas que conviven con dolor crónico notan que sus síntomas se intensifican. Las bajas temperaturas, la humedad ambiental y la reducción de la actividad física favorecen la rigidez muscular, la pérdida de movilidad y el aumento de molestias persistentes, especialmente en músculos y articulaciones.
Desde la Medicina Tradicional China (MTC), este fenómeno no se considera casual ni inevitable. Al contrario, forma parte de un patrón bien definido que permite comprender por qué el frío agrava el dolor y, sobre todo, cómo abordarlo de forma natural y preventiva.
El “Síndrome Bi”: cuando el frío y la humedad bloquean el cuerpo
Según explican desde la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (Cofenat), en la Medicina China el empeoramiento del dolor en invierno se asocia al denominado Síndrome Bi, un cuadro que aparece cuando el frío, la humedad o el viento penetran en el organismo y bloquean la circulación de la energía vital (Qi) y de la sangre.
Jaime Trilla, naturópata, acupuntor y presidente de Cofenat en Aragón, señala que durante los meses fríos el objetivo terapéutico es claro:
“Expulsar el frío y la humedad, tonificar el Yang y favorecer la circulación del Qi y la sangre, lo que ayuda a reducir la rigidez y aliviar el dolor crónico”.
Cuando estos factores patógenos se acumulan, el cuerpo pierde calor interno, los tejidos se vuelven más rígidos y el dolor encuentra un terreno propicio para instalarse.

Terapias naturales que alivian el dolor en los meses fríos
Desde Cofenat destacan que el invierno es una etapa especialmente indicada para recurrir a terapias que calientan, desbloquean y regulan en profundidad el organismo, actuando no solo sobre el síntoma, sino sobre su causa energética.
Entre las más utilizadas destacan:
- Acupuntura, que reactiva la circulación de Qi y sangre, reduce la inflamación y la rigidez, y calma el sistema nervioso, disminuyendo la percepción del dolor.
- Moxibustión, una técnica basada en la aplicación de calor terapéutico profundo, especialmente eficaz en dolores que empeoran con el frío y mejoran con el calor, ya que refuerza el Yang de Riñón y Bazo.
- Masaje Tuina, que relaja la musculatura tensa, mejora la movilidad articular y favorece la circulación local.
- Fitoterapia china, orientada a dispersar el frío y la humedad, nutrir la sangre y fortalecer el Yang cuando existe debilidad interna.
- Qi Gong y prácticas energéticas suaves, que mantienen la energía en movimiento, evitan el estancamiento propio del invierno y ayudan a reducir la sensibilidad al dolor.
“La combinación de estas terapias no solo alivia el dolor, sino que previene recaídas y fortalece el equilibrio interno del organismo”, explica Trilla.
Hábitos cotidianos que pueden empeorar el dolor en invierno
Más allá del clima, la Medicina Tradicional China advierte de que ciertos hábitos diarios pueden facilitar la entrada de frío y humedad o debilitar el Yang, intensificando el dolor crónico durante esta estación.
Entre los errores más frecuentes se encuentran:
- Exponerse al frío sin proteger zonas sensibles como el cuello, la zona lumbar o las rodillas.
- Consumir en exceso alimentos fríos, crudos o directamente sacados del frigorífico.
- Mantener un estilo de vida sedentario durante largos periodos.
- Dormir poco o someterse a una sobreexigencia física y mental continuada.
Para reducir el dolor de forma natural, el especialista recomienda aportar calor de manera regular, priorizar una alimentación caliente y cocinada, mantener un movimiento suave diario, respetar los tiempos de descanso y evitar la humedad y las corrientes de aire.
Cuidar el cuerpo para que el dolor pierda fuerza
Desde la visión de la Medicina China, el invierno no es una etapa para forzar, sino para proteger, conservar y nutrir la energía interna.
“Cuando el cuerpo se siente cuidado, calentado y el Qi fluye sin bloqueos, el dolor pierde fuerza”, concluye Jaime Trilla.
Un recordatorio de que, especialmente en los meses fríos, escuchar al cuerpo y adaptarse a los ritmos de la estación puede marcar la diferencia entre convivir con el dolor o aprender a gestionarlo de forma más consciente y natural.