El microbioma intestinal gana protagonismo como aliado de la salud cerebral

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La relación entre el intestino y el cerebro sigue revelando nuevas conexiones. Un estudio liderado por la neurocientífica Paola Tognini, de la Sant’Anna School of Advanced Studies de Pisa (Italia), aporta nuevas evidencias de que modificar la composición del microbioma intestinal podría influir en la capacidad del cerebro para adaptarse, aprender y recuperarse del daño, un proceso conocido como neuroplasticidad.

Aunque la investigación se ha realizado exclusivamente en modelos preclínicos, sus resultados abren una nueva línea de interés para la medicina del envejecimiento y la longevidad, donde preservar la función cognitiva se ha convertido en uno de los principales objetivos.

Un cerebro menos flexible con el paso del tiempo

La neuroplasticidad permite al cerebro formar nuevas conexiones neuronales, adaptarse a los cambios y reparar parcialmente el daño producido por enfermedades o lesiones. Esta capacidad disminuye progresivamente con la edad, lo que repercute en funciones como la memoria, el aprendizaje o la recuperación tras un ictus.

El trabajo de Tognini y su equipo plantea que el microbioma intestinal podría desempeñar un papel mucho más relevante de lo que se pensaba en este proceso.

El estudio, publicado como preprint en bioRxiv por el equipo de la profesora Paola Tognini, de la Scuola Superiore Sant’Anna de Pisa, deberá ahora ser confirmado mediante ensayos clínicos en humanos antes de que estos hallazgos puedan traducirse en nuevas estrategias terapéuticas.

Los investigadores observaron que la alteración del microbioma mediante dosis elevadas de antibióticos reducía significativamente la plasticidad cerebral. Sin embargo, al restaurar posteriormente la microbiota mediante un trasplante fecal procedente de individuos jóvenes, esa capacidad comenzó a recuperarse.

Más de mil genes modificaron su actividad

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio fue el cambio en la expresión de más de 1.000 genes tras modificar el microbioma intestinal.

Entre ellos se encontraban genes implicados en la formación y el mantenimiento de la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas y permite que los impulsos eléctricos viajen de forma rápida y eficiente por el sistema nervioso.

Los investigadores también identificaron cambios relacionados con la integridad de la barrera hematoencefálica, la estructura que protege al cerebro frente a sustancias potencialmente dañinas presentes en la circulación sanguínea.

Estos resultados sugieren que el microbioma podría intervenir simultáneamente en distintos mecanismos biológicos relacionados con el envejecimiento cerebral.

Una hipótesis que todavía debe confirmarse en humanos

Los autores subrayan que estos resultados no pueden extrapolarse todavía a la práctica clínica.

El trabajo se ha desarrollado en modelos animales y aún será necesario identificar qué microorganismos concretos participan en estos efectos, además de demostrar que los mismos mecanismos se reproducen en personas.

Aun así, la investigación refuerza una línea científica que ha ganado fuerza en los últimos años: el microbioma intestinal no solo participa en la digestión o en la regulación del sistema inmunitario, sino que también puede influir en procesos neurológicos complejos.

Nuevas perspectivas para la medicina de la longevidad

El interés por el microbioma ha crecido de forma notable dentro de la medicina preventiva y de la longevidad. Numerosas clínicas especializadas ya incorporan análisis de microbiota, programas de nutrición personalizada y estrategias dirigidas a mejorar la salud intestinal.

Este estudio apunta a una posibilidad todavía más ambiciosa: que, en el futuro, sea posible intervenir sobre la composición del microbioma para favorecer un perfil biológico más joven y contribuir a preservar la función cerebral, aumentar la resiliencia frente al envejecimiento e incluso mejorar la recuperación tras determinadas lesiones neurológicas.

Por ahora, ese escenario sigue perteneciendo al ámbito de la investigación. Sin embargo, cada nuevo estudio refuerza la idea de que el intestino y el cerebro mantienen un diálogo mucho más estrecho de lo que la ciencia imaginaba hace apenas una década, convirtiendo al microbioma en uno de los campos más prometedores para comprender cómo envejece el organismo y cómo podría hacerse de forma más saludable.

Estudio de referencia

Damiani F., Changizi Ashtiani K., Tognozzi A., et al. The Critical Period Microbiota Shape Brain Plasticity. bioRxiv (preprint), 2026. DOI: 10.64898/2026.06.08.730811. El trabajo demuestra en modelos animales que la alteración del microbioma mediante antibióticos reduce la plasticidad cerebral y que el trasplante de microbiota joven restaura parcialmente esa capacidad, acompañándose de cambios en la expresión de genes relacionados con la mielinización y la barrera hematoencefálica.

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