La propuesta italiana de incorporar la longevidad saludable al sistema público de salud marca un cambio de enfoque que va mucho más allá de aumentar la esperanza de vida. Un artículo publicado en la revista Aging plantea una hoja de ruta para que el Servicio Nacional de Salud italiano (SSN) comience a medir y promover la salud funcional de la población como un objetivo sanitario, basándose exclusivamente en evidencia científica y evitando la incorporación prematura de tecnologías o terapias que todavía no han demostrado un beneficio clínico real.
Italia podría convertirse en uno de los primeros países en integrar oficialmente el concepto de healthspan —los años vividos con buena salud física y cognitiva— dentro de su sistema nacional de salud. La propuesta, desarrollada por un grupo internacional de investigadores y publicada en Aging, plantea transformar progresivamente un modelo sanitario centrado en tratar enfermedades hacia otro que priorice preservar la funcionalidad y la autonomía de las personas a lo largo de toda la vida.
La iniciativa llega en un momento especialmente relevante para el país. Italia posee la población más envejecida de la Unión Europea: el 24,1 % de sus habitantes tiene más de 65 años y la edad media seguirá aumentando hasta situarse en torno a los 51 años en 2050. Sin embargo, ese incremento de la esperanza de vida no se ha traducido en un número equivalente de años vividos en buenas condiciones de salud.
En 2023, la esperanza de vida alcanzó los 85,4 años en mujeres y los 81,4 años en hombres. Sin embargo, los años de vida saludable fueron de 69,6 y 68,5 años, respectivamente. Esto significa que las mujeres pasan una media de 15,8 años y los hombres casi 13 años viviendo con limitaciones importantes, discapacidad o pérdida de autonomía.
Los autores subrayan que esa diferencia no equivale necesariamente a años con enfermedades diagnosticadas, pero sí refleja uno de los principales desafíos de los sistemas sanitarios modernos: prolongar la vida ya no es suficiente si esos años adicionales no conservan la calidad de vida.
Del tratamiento de la enfermedad a la preservación de la función
El documento propone que la medicina de la longevidad no sea considerada una nueva especialidad médica, sino un marco de trabajo transversal que integre los avances de la gerociencia, la medicina personalizada, la prevención, la monitorización digital y la innovación sanitaria.
El objetivo no sería sustituir disciplinas como la geriatría o la atención primaria, sino complementarlas mediante la identificación precoz de trayectorias de envejecimiento desfavorables, reduciendo la multimorbilidad, la discapacidad y la dependencia antes de que aparezcan.
Además de los procesos biológicos del envejecimiento, el trabajo recuerda que la salud funcional está profundamente condicionada por factores como:
- La inactividad física.
- Una alimentación inadecuada.
- La contaminación ambiental.
- Las desigualdades socioeconómicas.
- El aislamiento social.
- La polimedicación.
- La brecha digital.
- Las diferencias territoriales en el acceso a la asistencia sanitaria.
Según los investigadores, el sistema sanitario italiano continúa siendo predominantemente hospitalario y reactivo, mientras que la prevención recibe una parte relativamente pequeña de los recursos y los modelos de financiación siguen premiando más el tratamiento de la enfermedad que la reducción del riesgo a largo plazo.
Cinco prioridades para construir un sistema sanitario orientado a la longevidad
El artículo identifica cinco líneas estratégicas para incorporar progresivamente la longevidad saludable al sistema público.
1. Validar los biomarcadores de edad biológica
Los investigadores consideran prometedores los biomarcadores epigenéticos, proteómicos y otras herramientas destinadas a estimar la edad biológica. Sin embargo, insisten en que deben permanecer en el ámbito de la investigación hasta demostrar que realmente mejoran resultados relevantes para los pacientes y que su utilización es segura, reproducible y coste-efectiva.
2. Crear plataformas digitales interoperables
La propuesta contempla integrar historias clínicas electrónicas, dispositivos wearables y sensores domiciliarios en plataformas capaces de ofrecer un seguimiento continuo del estado funcional de las personas.
El éxito de estas herramientas no debería medirse por la cantidad de datos recogidos, sino por indicadores como la reducción de hospitalizaciones, el mantenimiento de la autonomía y la mejora de la calidad asistencial.
3. Modernizar los ensayos clínicos
El documento apuesta por ensayos clínicos adaptativos de tipo bayesiano para evaluar con mayor rapidez intervenciones nutricionales, ejercicio físico, programas cognitivos o tratamientos farmacológicos.
Las variables principales dejarían de centrarse únicamente en la enfermedad para incluir aspectos como la resiliencia, la aparición de multimorbilidad, la discapacidad o la mortalidad.
4. Incorporar inteligencia artificial explicable
La inteligencia artificial podría ayudar a identificar personas con mayor riesgo de deterioro funcional, siempre que los algoritmos sean transparentes, hayan sido validados externamente, respeten la privacidad y se sometan a auditorías periódicas para detectar posibles sesgos.
Los autores dejan claro que la IA debe actuar como herramienta de apoyo clínico y nunca sustituir el juicio médico.
5. Reformar la formación médica
La medicina del futuro requerirá profesionales mejor preparados en envejecimiento saludable, evaluación funcional, prevención, manejo de pacientes con múltiples patologías y reducción racional de medicamentos cuando sea posible.
El trabajo también reclama una comunicación pública más rigurosa que permita distinguir las intervenciones respaldadas por evidencia científica de las promesas comerciales que proliferan alrededor del mercado de la longevidad.
Ciencia antes que expectativas
Uno de los mensajes más contundentes del artículo es que la plausibilidad biológica no basta para introducir nuevas tecnologías en la sanidad pública.
Los autores rechazan explícitamente implantar de forma inmediata relojes biológicos, fármacos geroprotectores, algoritmos predictivos o herramientas de inteligencia artificial sin demostrar previamente utilidad clínica, seguridad, equidad y beneficio económico para el sistema.
En otras palabras, cualquier innovación deberá superar el mismo nivel de exigencia científica que cualquier otra intervención médica.
Italia como laboratorio de la medicina de la longevidad
El trabajo reúne a investigadores de algunas de las instituciones más reconocidas en investigación sobre envejecimiento y longevidad, entre ellos el National Institute on Aging, Stanford University, University of Miami, IFOM, el Consejo Nacional de Investigación de Italia y el European Research Institute for the Biology of Ageing.
Entre los firmantes figuran investigadores de referencia como Luigi Ferrucci, Fabrizio d’Adda di Fagagna, Marco Demaria, Vittorio Sebastiano y Camillo Ricordi, junto al epidemiólogo Matteo Fiore y Nicola Marino.

Los impulsores del proyecto consideran que Italia reúne unas condiciones únicas para convertirse en un banco de pruebas a escala nacional. Su elevada proporción de población envejecida, un sistema sanitario universal, una sólida comunidad científica y una marcada diversidad regional permiten evaluar si un modelo centrado en preservar la función puede mejorar la salud de toda la población.
La meta no consiste en ofrecer a cada ciudadano un reloj biológico o terapias experimentales, sino construir la infraestructura necesaria para identificar qué intervenciones realmente ayudan a conservar la autonomía, prevenir la multimorbilidad y generar valor tanto para los pacientes como para el sistema sanitario.
La propuesta representa uno de los intentos más ambiciosos realizados hasta ahora para trasladar la medicina de la longevidad desde el ámbito de la investigación hacia las políticas públicas. Si prospera, podría servir de referencia para otros sistemas sanitarios europeos que afrontan el mismo desafío: no solo vivir más años, sino conseguir que esos años se vivan con mayor salud, independencia y calidad de vida.