Alcohol y azúcar: la OMS advierte sobre el precio de mantener barato lo que enferma

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que los impuestos sanitarios aplicados al alcohol y a las bebidas azucaradas podrían generar hasta un billón de dólares estadounidenses (0,92 billones de euros) en ingresos públicos a nivel mundial durante la próxima década. Aunque el debate suele presentarse desde una óptica anglosajona o estadounidense, la advertencia no es exclusiva de EE. UU.: Europa se encuentra en la misma encrucijada fiscal y sanitaria, y en algunos aspectos, en una situación aún más contradictoria.

La recaudación adicional se obtendría mediante gravámenes sobre productos cuyo impacto negativo en la salud está ampliamente documentado, y serviría para reforzar unos sistemas sanitarios cada vez más tensionados por el aumento de enfermedades no transmisibles prevenibles, como la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, determinados tipos de cáncer y lesiones asociadas al consumo de alcohol.

“3 by 35”: una estrategia que interpela directamente a Europa

La propuesta se enmarca en la iniciativa “3 by 35”, lanzada por la OMS en 2024, cuyo objetivo es incrementar en al menos un 50 % el precio real del tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas antes de 2035, fundamentalmente a través de la fiscalidad.

La OMS estima que esta medida permitiría recaudar un billón de dólares adicionales a escala global. Sin embargo, más allá de la cifra, el mensaje de fondo es incómodo para muchos gobiernos europeos: mantener artificialmente baratos productos que dañan la salud tiene un coste fiscal y sanitario muy superior al beneficio económico que generan a corto plazo.

“Los impuestos sanitarios son una de las herramientas más poderosas para promover la salud y prevenir enfermedades”, afirmó el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. “Al aumentar los impuestos sobre productos como el tabaco, las bebidas azucaradas y el alcohol, los gobiernos pueden reducir el consumo perjudicial y liberar recursos para servicios sanitarios esenciales”.

Europa: precios bajos, costes altos

La OMS advierte de que tanto el alcohol como las bebidas azucaradas se están volviendo progresivamente más asequibles, especialmente en Europa, donde los impuestos no se actualizan al ritmo de la inflación ni del crecimiento de los ingresos. Esta política fiscal pasiva se traduce en un mayor consumo y, en consecuencia, en un aumento sostenido del gasto sanitario público.

En el caso europeo, la contradicción es especialmente evidente:

  • El consumo de alcohol en Europa es de los más altos del mundo.
  • El vino sigue sin estar sujeto a impuestos especiales en al menos 25 países europeos.
  • Las bebidas azucaradas están gravadas en algunos países, pero con tasas consideradas bajas e ineficaces por la propia OMS.

El resultado es un modelo económico en el que el Estado recauda poco por la venta de productos nocivos, pero asume la mayor parte del coste sanitario derivado de su consumo.

Azúcar: impuestos simbólicos frente a un problema estructural

El Informe Mundial sobre el Uso de Impuestos a las Bebidas Azucaradas 2025 muestra que 116 países aplican algún tipo de impuesto a estas bebidas. Sin embargo, muchas categorías con alto contenido en azúcar —como bebidas lácteas azucaradas o cafés listos para beber— siguen sin estar gravadas.

La OMS considera que estos impuestos son, en la mayoría de los casos, más simbólicos que transformadores: el impuesto medio representa apenas un 2 % del precio de un refresco azucarado. En otras palabras, no encarece lo suficiente el producto como para modificar de forma sustancial el comportamiento del consumidor.

Países europeos como Francia, Irlanda, Hungría o el Reino Unido han avanzado en esta dirección, pero de forma desigual y fragmentada.

El ejemplo británico: avances y límites

El impuesto británico a las bebidas azucaradas, introducido en 2018 y ampliado recientemente, ha demostrado que la fiscalidad puede generar efectos positivos reales:

  • Prevención de más de 5.000 casos de obesidad al año en niñas de primaria.
  • Reducción del 12 % en extracciones dentales por caries en menores de 18 años.

Sin embargo, los datos del NHS muestran que las desigualdades sociales en obesidad infantil siguen aumentando, lo que evidencia que la fiscalidad por sí sola no basta si no va acompañada de políticas sociales y de prevención más amplias.

Además, los ingresos generados no están vinculados obligatoriamente al gasto sanitario, lo que limita su impacto estructural. Sectores clave como el deporte y la actividad física han visto recortes en lugar de refuerzos, pese a ser parte de la solución.

Alcohol: rentable para el mercado, ruinoso para el Estado

El Informe Mundial sobre el Uso de Impuestos al Alcohol 2025 revela que 167 países aplican impuestos al alcohol, pero en la mayoría de ellos estos gravámenes no han seguido el ritmo de la inflación, haciendo que el alcohol sea hoy más asequible que hace una década.

La OMS subraya un dato incómodo: el alcohol está clasificado como carcinógeno del Grupo 1, en la misma categoría que el tabaco o el amianto, y está vinculado a al menos siete tipos de cáncer. Aun así, el nivel de concienciación social sigue siendo bajo y las advertencias sanitarias son prácticamente inexistentes en Europa.

En términos económicos, el alcohol genera ingresos fiscales, pero también:

  • Incrementa el gasto sanitario.
  • Reduce la productividad laboral.
  • Aumenta los costes asociados a accidentes, violencia y enfermedades crónicas.

Desde un punto de vista macroeconómico, el balance para el Estado tiende a ser negativo.

¿Conviene económicamente subir los impuestos o mantenerlos bajos?

Desde una lógica puramente fiscal de corto plazo, mantener impuestos bajos puede parecer atractivo, ya que incentiva el consumo y garantiza una recaudación constante. Sin embargo, este razonamiento ignora tres factores clave:

  1. Coste sanitario diferido
    Cada euro no recaudado hoy se traduce en varios euros de gasto sanitario mañana. Las enfermedades no transmisibles representan una de las mayores partidas de gasto público en Europa.
  2. Elasticidad del consumo
    La evidencia muestra que, especialmente en bebidas azucaradas y alcohol, subidas fiscales bien diseñadas reducen el consumo sin eliminarlo, manteniendo la recaudación mientras disminuye el daño.
  3. Recaudación con doble dividendo
    Los impuestos sanitarios generan un doble beneficio:
    • Ingresos fiscales directos.
    • Ahorros indirectos por menor presión sobre el sistema sanitario y social.

Desde una perspectiva económica estructural, subir los impuestos a productos dañinos resulta más rentable para el Estado que mantenerlos artificialmente baratos, siempre que los ingresos se reinviertan en prevención, educación y salud pública.

El papel del sector wellness y la economía de la prevención

Aunque la hostelería sigue dependiendo en gran medida del alcohol como motor de ingresos, el endurecimiento fiscal abre una oportunidad para redefinir el modelo económico del bienestar. Spas, centros wellness y operadores de salud pueden alinearse con políticas públicas ofreciendo:

  • Programas de actividad física prescrita.
  • Entornos sin alcohol.
  • Alimentación baja en azúcar y alta en valor nutricional.
  • Intervenciones preventivas con respaldo institucional.

En este contexto, la reciente publicación por parte de la OMS de sus primeras guías sobre el uso de fármacos GLP-1 contra la obesidad refuerza un mensaje claro: la prevención ya no es solo un discurso sanitario, sino una necesidad económica.

Lo que plantea la OMS no es una advertencia dirigida únicamente a Estados Unidos. Europa enfrenta el mismo dilema, pero con una carga sanitaria mayor y una resistencia política más profunda, especialmente en torno al alcohol y ciertos alimentos.

La pregunta ya no es si los impuestos sanitarios funcionan, sino cuánto le cuesta a un Estado no aplicarlos. Y la evidencia apunta a que mantener baratos los productos que enferman a la población es, a medio y largo plazo, una de las políticas más caras que puede permitirse un país (honesto).

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