Las Navidades dejan huella. No solo en forma de algún kilo de más, sino también en sensación de inflamación, digestiones pesadas, fatiga y desajustes metabólicos. Semanas de comidas copiosas, más azúcar, alcohol y menos movimiento generan una sobrecarga que el organismo necesita procesar.
La buena noticia es que el cuerpo tiene una enorme capacidad de recuperación. Y hoy la ciencia confirma que existen estrategias nutricionales capaces de activar procesos profundos de reparación y renovación celular sin necesidad de recurrir a ayunos extremos.
Un nuevo estudio en humanos, recientemente publicado y recogido por Longevity Technology, vuelve a poner el foco en la llamada Fasting Mimicking Diet (dieta que imita el ayuno), demostrando que este protocolo puede activar de forma medible la autofagia y la regeneración celular en periodos cortos y controlados.
El cuerpo no “acumula” los excesos como creemos
Tras las fiestas, una de las preguntas más habituales es si el cuerpo arrastra los excesos de forma proporcional o si puede volver al equilibrio con rapidez. La respuesta es clara: el organismo no funciona como una simple cuenta calórica.
Cuando los excesos se prolongan:
- Aumenta la insulina.
- Se reduce la flexibilidad metabólica.
- Se bloquean procesos clave como la autofagia, el sistema interno de reciclaje celular.
Sin embargo, estos mecanismos no desaparecen, solo quedan inhibidos. El estudio citado demuestra que cinco días consecutivos siguiendo una dieta que imita el ayuno son suficientes para reactivarlos, independientemente del peso inicial de la persona.
Esto es clave: los beneficios celulares no dependen de cuántos kilos sobren, sino de las señales metabólicas que se activan.

¿Qué es exactamente la dieta que imita el ayuno?
La dieta que imita el ayuno no es un ayuno total, ni una dieta hipocalórica convencional. Es un protocolo nutricional científicamente diseñado para inducir en el organismo un estado metabólico similar al ayuno prolongado, pero manteniendo un mínimo aporte de nutrientes.
Durante 3 a 5 días consecutivos, se sigue una alimentación:
- Muy baja en calorías (aprox. 700–1.100 kcal/día).
- Baja en proteínas, especialmente animales.
- Moderada en grasas saludables.
- Muy baja en azúcares y carbohidratos simples.
El objetivo no es adelgazar rápidamente, sino reducir insulina e IGF-1, cambiar la fuente de energía hacia la grasa y activar la autofagia, el proceso mediante el cual las células se limpian, se reciclan y se regeneran.
Qué ocurre en el cuerpo durante este proceso
Al disminuir de forma controlada la energía y las proteínas durante varios días:
- El cuerpo entra en un modo de conservación y reparación.
- Se prioriza la quema de grasa.
- Se reducen las señales de crecimiento celular.
- Se activan procesos de regeneración y renovación tisular.
Por eso, tanto personas con sobrepeso como personas con normopeso pueden beneficiarse de este protocolo, aunque los cambios visibles en peso sean distintos.
¿Ayuno completo o dieta que imita el ayuno?
Ambas estrategias buscan activar los mismos mecanismos biológicos, pero no tienen el mismo impacto fisiológico.
El ayuno completo (24–48 h o más):
- Activa la autofagia de forma potente.
- Pero supone un alto estrés hormonal y nervioso.
- No es bien tolerado por muchas personas.
- Puede aumentar el cortisol y favorecer la pérdida de masa muscular.
- Es difícil de repetir con regularidad.
La dieta que imita el ayuno, en cambio:
- Activa las mismas rutas metabólicas.
- Reduce el estrés fisiológico.
- Mantiene un mínimo aporte nutricional.
- Es más segura y sostenible.
- Puede repetirse periódicamente con mayor facilidad.
Por eso, para la mayoría de personas sanas y activas, especialmente tras periodos de excesos como las Navidades, la dieta que imita el ayuno ofrece un mejor equilibrio entre eficacia y seguridad.

Valter Longo y el origen del método
El principal referente detrás de este enfoque es el Dr. Valter Longo, director del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California (USC) y una de las figuras más influyentes en investigación sobre envejecimiento saludable.
Tras décadas de investigación, Longo desarrolló la dieta que imita el ayuno y su formulación estandarizada, ProLon®, con un objetivo claro:
obtener los beneficios del ayuno prolongado sin someter al organismo a los riesgos de un ayuno total, especialmente cuando se aplica de forma periódica.
Según sus estudios, este enfoque puede:
- Mejorar marcadores metabólicos.
- Reducir inflamación.
- Favorecer la regeneración celular.
- Contribuir a la longevidad.
- Evitar el efecto rebote típico de dietas restrictivas.
¿Sirve solo para adelgazar después de Navidad?
No. Aunque puede producir pérdida de peso, su principal valor es metabólico y celular. Muchas personas reportan:
- Menor inflamación.
- Mejor digestión.
- Más claridad mental.
- Mejor descanso.
- Sensación general de “reset” corporal.
Estos beneficios pueden aparecer incluso en personas que apenas necesitan perder peso, especialmente tras semanas de excesos.
Más que compensar, se trata de reprogramar
Después de las comilonas navideñas, el objetivo no debería ser castigar al cuerpo, sino crear las condiciones para que vuelva a autorregularse.
La evidencia científica —incluido este nuevo estudio en humanos— respalda que intervenciones cortas, bien diseñadas y basadas en ciencia, como la dieta que imita el ayuno desarrollada por Valter Longo, pueden ayudar a:
- Resetear el metabolismo.
- Reactivar la renovación celular.
- Sentar las bases de un año más saludable, sin extremos ni soluciones milagro.
Como siempre, este tipo de protocolos deben adaptarse a cada persona y, en casos concretos, realizarse con acompañamiento profesional.