Obesidad: una enfermedad crónica marcada por la desigualdad, la biología y el reto de la prevención

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Durante años, la obesidad ha sido tratada como un problema de peso, de hábitos o de responsabilidad individual. Sin embargo, la evidencia científica es clara: la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, profundamente influida por los determinantes sociales de la salud. Así lo subraya la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), que reclama un cambio de mirada tanto en el sistema sanitario como en el discurso social y mediático.

Una enfermedad que no afecta a todos por igual

En España, más del 56% de la población adulta presenta exceso de peso: un 19% obesidad y un 37% sobrepeso. En la infancia, la cifra alcanza el 40,6%, situando al país entre los más afectados de Europa. Pero estos números no se distribuyen de forma homogénea.

“La obesidad se duplica en los entornos más vulnerables”, afirma el Dr. Diego Bellido, presidente de SEEDO. Comunidades con menor renta como Andalucía, Extremadura o Canarias presentan tasas significativamente más altas, al igual que las personas con menor nivel educativo. El acceso desigual a alimentos saludables, entornos urbanos poco activos, menor educación en salud y limitaciones económicas configuran los llamados entornos obesogénicos, donde elegir salud no siempre es una opción real.

En las mujeres, además, confluyen factores biológicos —como la menopausia— con un mayor estigma social. En la infancia, crecer en un entorno desfavorecido multiplica el riesgo de desarrollar obesidad y sus complicaciones a lo largo de la vida.

Reconocer la obesidad para poder tratarla

Para SEEDO, el primer paso es inequívoco: reconocer la obesidad como enfermedad. “Sin reconocimiento no hay prioridad, sin prioridad no hay recursos, y sin recursos no hay solución”, insiste Bellido. La obesidad no solo incrementa el riesgo de más de 200 enfermedades —diabetes tipo 2, cáncer, patología cardiovascular—, sino que genera un sobrecoste sanitario directo de casi 2.000 millones de euros anuales, además de pérdida de productividad y deterioro de la calidad de vida.

Invertir en prevención y tratamiento no es un gasto, sino una inversión con retorno social y económico. Incluso reducciones moderadas de peso tienen un impacto relevante en salud pública.

Más allá del IMC: entender la biología de la obesidad

La ciencia ha desmontado el simplismo de “comer menos y moverse más”. Hoy sabemos que la obesidad es, en gran medida, un problema de comunicación biológica entre intestino, cerebro, músculo, tejido adiposo y microbiota.

“La obesidad no es una enfermedad única, sino un conjunto de enfermedades que comparten el exceso o disfunción de la grasa corporal”, explica la Dra. Andreea Ciudin, endocrinóloga del Hospital Vall d’Hebron y miembro de la Junta Directiva de SEEDO. El eje intestino-cerebro actúa como un auténtico “teléfono rojo” metabólico, regulando hambre, saciedad, gasto energético e incluso el placer asociado al movimiento.

La investigación ha identificado mensajeros fisiológicos protectores —como ciertas hormonas digestivas, miokinas musculares o señales derivadas de la lactancia materna— que hoy inspiran nuevas terapias. “Las nuevas estrategias buscan imitar lo que hace un organismo sano: un intestino equilibrado, un músculo activo y una microbiota diversa”, resume la Dra. Luisa Mª Seoane, investigadora en fisiopatología endocrina.

Diagnóstico y tratamiento: precisión, no estigmatización

El diagnóstico también evoluciona. Además del IMC, SEEDO insiste en la importancia del índice cintura-altura y del abordaje morfofuncional para evaluar mejor el riesgo metabólico real.

En cuanto al tratamiento, el mensaje es claro: no hay soluciones únicas. Nutrición personalizada, ejercicio físico, apoyo psicológico y, cuando está indicado, tratamiento farmacológico, deben integrarse en un enfoque continuado y multidisciplinar, como propone la Guía GIRO.

El ejercicio físico ocupa un lugar central. No solo por su impacto metabólico, sino por su efecto global. “El ejercicio genera un efecto FIMEES: físico, metabólico, emocional y social”, explica David Jiménez, catedrático en Ciencias del Deporte. No se trata solo de perder kilos, sino de recuperar función y salud.

El papel (limitado) de los fármacos y lo que viene

Los fármacos basados en GLP-1 han supuesto una revolución, pero no son una solución definitiva. “Son el inicio de la solución, no el final”, advierte el Dr. Cristóbal Morales, vocal de SEEDO. Su uso requiere supervisión médica, cambios de estilo de vida y estrategias claras para el mantenimiento del peso.

De cara a 2026, la investigación apunta a los llamados fármacos 4P: más Potentes, más Precisos, más Populares y más Preventivos. Paralelamente, el foco se desplaza hacia uno de los grandes retos pendientes: evitar la reganancia de peso.

La medicina de precisión gana terreno. Biomarcadores, epigenética, microbioma y análisis multi-ómico permitirán diseñar tratamientos ajustados al perfil biológico de cada persona. “El futuro es tratar la obesidad como el cáncer: con terapias personalizadas y basadas en la biología”, afirma la Dra. Ana Belén Crujeiras, experta en epigenómica.

Políticas públicas, medios y prevención real

SEEDO reclama políticas públicas que actúen más allá del sistema sanitario, incorporando el principio de “salud” en urbanismo, educación, fiscalidad y alimentación. España participa en el proyecto internacional MAPPS II, liderado por la Federación Mundial de Obesidad, con el objetivo de situar la obesidad en el centro de la agenda política y reducir desigualdades.

Los medios de comunicación también juegan un papel clave. El enfoque informativo puede contribuir a reducir el estigma o, por el contrario, perpetuarlo. Hablar de obesidad con rigor es una forma de prevención.

Una oportunidad para cambiar el paradigma

La obesidad no es una cuestión de voluntad, sino de biología, entorno y desigualdad. Entenderla así abre la puerta a abordajes más humanos, eficaces y sostenibles. La prevención sigue siendo esencial, pero no puede limitarse a mensajes individuales: debe actuar sobre las condiciones de vida, el acceso a recursos y la equidad social.

Como recuerda la SEEDO, no se trata solo de vivir más años, sino de vivirlos con salud. Y para eso, la obesidad debe dejar de ser un juicio y empezar a ser, de una vez, una prioridad.

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