China se enfrenta a uno de los mayores desafíos sanitarios de su historia reciente: el crecimiento acelerado del sobrepeso y la obesidad en una población que, hasta hace pocas décadas, asociaba estos problemas a Occidente. Más del 50% de los adultos chinos presenta hoy exceso de peso, y las proyecciones apuntan a un aumento sostenido si no se adoptan medidas eficaces. En este contexto han surgido iniciativas tan llamativas como controvertidas: las denominadas “prisiones para gordos”, centros cerrados donde personas con obesidad se encierran voluntariamente durante un mes para adelgazar bajo un régimen estricto de dieta, ejercicio y disciplina.
Aunque el término “prisión” es mediático, estos espacios funcionan legalmente como campamentos intensivos de pérdida de peso. Su popularidad se ha disparado entre 2025 y 2026 gracias a redes sociales y reportajes internacionales, convirtiéndose en símbolo de una respuesta radical a un problema de salud pública creciente.
Cómo funcionan estos centros
Los participantes aceptan permanecer durante aproximadamente 28 días en un entorno cerrado, con horarios rígidos, vigilancia y normas estrictas. La rutina diaria suele incluir hasta cuatro horas de ejercicio físico supervisado, combinadas con una alimentación hipocalórica cuidadosamente controlada. El objetivo es claro: provocar una pérdida de peso rápida y visible en pocas semanas.
Los testimonios recogidos en prensa hablan de descensos de entre 4 y 14 kilos en menos de un mes, resultados que, aunque llamativos, deben interpretarse con cautela. No existen estudios científicos revisados que evalúen de forma sistemática la eficacia, la seguridad ni la sostenibilidad de este modelo a medio y largo plazo.

El papel de la comunidad: ¿ayuda a mantener hábitos saludables?
Uno de los argumentos a favor de estos centros es que el hecho de vivir y entrenar en comunidad, lejos de las tentaciones del entorno habitual, favorece la concienciación sobre la alimentación y el ejercicio. La evidencia científica general respalda parcialmente esta idea: los programas de pérdida de peso basados en apoyo grupal y comunidad suelen mostrar mejor adherencia a corto y medio plazo que las intervenciones individuales realizadas desde casa.
Sin embargo, los expertos coinciden en un punto clave: la comunidad solo funciona si existe continuidad. Un entorno cerrado e intensivo puede iniciar el cambio, pero sin acompañamiento posterior —educación nutricional, apoyo psicológico y estrategias conductuales— la mayoría de las personas recupera el peso perdido. En el caso de las “prisiones para gordos”, no hay datos que confirmen que los hábitos adquiridos durante el mes se mantengan una vez finalizado el programa.
Resultados rápidos, sostenibilidad incierta
Desde el punto de vista del bienestar, el principal problema de estos programas es su enfoque en la pérdida de peso acelerada. La literatura científica sobre obesidad es clara: los descensos bruscos suelen ir acompañados de una alta tasa de rebote si no se integran cambios reales y sostenidos en el estilo de vida.
Además, la combinación de ejercicio intenso y restricción calórica puede implicar riesgos físicos y psicológicos si no existe supervisión médica adecuada, especialmente en personas con obesidad severa o patologías asociadas.

¿Se utilizan fármacos como la semaglutida?
A pesar de que China ha aprobado recientemente el uso de medicamentos antiobesidad como semaglutida (Wegovy) y está incorporándolos progresivamente en el tratamiento clínico del exceso de peso, no hay evidencia de que estos fármacos formen parte de los programas cerrados que se han viralizado en redes. Las “prisiones para gordos” se basan, según la información disponible, exclusivamente en disciplina física, dieta y control ambiental.
Esto refuerza la idea de que estos centros responden más a una lógica conductual y cultural que a un enfoque médico integral.
Cultura, disciplina y aceptación social
La relativa aceptación de estos programas en China no puede entenderse sin su contexto cultural. La disciplina, el esfuerzo y la superación personal a través de la exigencia están profundamente arraigados en la tradición confuciana y en la educación contemporánea. En este marco, someterse voluntariamente a un entorno rígido puede interpretarse como un acto de responsabilidad y compromiso con la salud, más que como una medida coercitiva.
Este factor cultural explica por qué iniciativas que resultarían polémicas en Europa o Estados Unidos encuentran mayor tolerancia social en China, aunque eso no las convierte automáticamente en eficaces ni exportables.

Costes, beneficios y negocio emergente
El coste de estos programas oscila entre 600 y 1.500 dólares por mes, incluyendo alojamiento, comidas y entrenamiento, cifras relativamente asequibles dentro del mercado del wellness intensivo. Para los operadores, representan una oportunidad dentro de la llamada slimming economy, un sector en expansión impulsado por la urgencia de soluciones rápidas frente a la obesidad.
Para el usuario, el beneficio principal es la motivación inicial y la sensación de “reinicio” físico. El riesgo es confundir ese impulso con un cambio real y duradero.
¿Un modelo exportable a Europa?
La respuesta corta es no, al menos no en su forma actual. Las restricciones de libertad, incluso voluntarias, plantean problemas legales, éticos y regulatorios en la mayoría de países europeos. Además, los sistemas de salud pública priorizan enfoques basados en evidencia, apoyo psicológico y sostenibilidad a largo plazo.
No obstante, algunos elementos sí podrían inspirar modelos adaptados: programas residenciales de bienestar, con enfoque educativo, supervisión médica, acompañamiento psicológico y continuidad tras la estancia. La clave no es el encierro, sino la integración del cambio en la vida real.
Las llamadas “prisiones para gordos” en China son el reflejo extremo de una urgencia global: cómo afrontar una epidemia de obesidad que avanza más rápido que las soluciones tradicionales. Funcionan como catalizador inicial, pero no hay pruebas de que garanticen cambios duraderos en los hábitos de vida.
Desde una perspectiva de salud y bienestar, el mensaje es claro: la disciplina puede iniciar el cambio, la comunidad puede reforzarlo, pero solo la educación, el acompañamiento y la autonomía lo consolidan. El reto no es adelgazar en un mes, sino aprender a vivir de otra manera durante años.