Los Healthcare & Pharmaceuticals Awards 2026, organizados por la publicación británica GHP News Digital, han reconocido al Programa Victoria como el Best Addiction Therapeutic Retreat 2026 – Spain. Este galardón sitúa a este método desarrollado en Marbella a la vanguardia de la salud y el bienestar en España, destacando su enfoque disruptivo y altamente eficaz en el tratamiento de las adicciones.
Fundado en 1984 por el psicólogo clínico Bernardo Ruiz Victoria, quien acumula más de 40 años de experiencia en la práctica privada especializada en adicciones —principalmente alcohol y cocaína—, el programa rompe por completo con los esquemas de los centros de rehabilitación convencionales. Su propuesta no se basa en ingresos hospitalarios de varios meses ni en sistemas de estricta prohibición, sino en un formato intensivo, de base científica, diseñado especialmente para perfiles de alto funcionamiento.

A diferencia de las estancias residenciales estándar que se prolongan entre 30 y 90 días (o incluso más), el Programa Victoria condensa su fase fundamental en un retiro de 10 días en un hotel. El proceso se caracteriza por una atención extremadamente personalizada:
- Grupos reducidos: Las convocatorias acogen a un máximo de 8 participantes por ocasión, aunque el psicólogo lo ha llegado a impartir de forma individual o para dos o tres personas si las circunstancias de la fecha así lo requerían.
- Ratio y vinculación terapéutica: Bernardo Ruiz Victoria lidera personalmente el retiro, dedicando jornadas que superan las 12 horas diarias (desde el desayuno a las 9:00 hasta pasadas las 21:00) junto a los pacientes. En ocasiones cuenta con algún colaborador puntual, pero preserva el proceso como una tarea muy personal y de fuerte vínculo terapéutico.
- Logística y privacidad: Los pacientes contactan con el terapeuta de forma directa mediante su web, redes o el boca a boca de décadas, pasando por sesiones previas (online o presenciales) antes de fijar la fecha. Ya en el hotel, cada participante dispone de su habitación privada y el grupo utiliza una sala de reuniones exclusiva. Comparten juntos desayuno, comida y cena, manteniendo nula o escasa relación con el resto de clientes del establecimiento.
No a las prohibiciones: aprender a ejercer la libertad
Uno de los valores diferenciales más rotundos del Programa Victoria es la ausencia de restricciones y prohibiciones absolutas. El psicólogo clínico argumenta que los centros tradicionales aíslan al paciente de estímulos comunes (prohibiendo llamadas, visitas o incluso entrar a farmacias o bares), lo que impide una posterior normalización de la vida cotidiana.
“La adicción te quita la libertad. Y una persona no puede recuperar la libertad si no le permites ejercerla”.
En el hotel donde se aloja el retiro hay restaurantes y bares abiertos con alcohol expuesto y clientes consumiendo. Bajo este escenario de “vida real”, los pacientes aprenden a sentarse a comer y elegir beber agua de manera voluntaria y consciente. No lo hacen por imposición, sino porque entienden el absurdo de asistir a un curso de sobriedad para seguir consumiendo. El método no contempla que el adicto recupere la capacidad de “tomarse solo un vino” de forma controlada en el futuro; Ruiz Victoria equipara esa decisión a la de subirse a un quinto piso y tirarse de cabeza: se puede hacer, pero las consecuencias biológicas y de pérdida de control en cadena son inevitables.
Ciencia conductual frente a la “fuerza de voluntad”
El Programa Victoria se distancia de las visiones que catalogan la adicción como una enfermedad crónica e incurable, abordándola como un problema psicológico con solución científica.
- Metodología: Se fundamenta en la psicología del comportamiento, aplicando el Análisis Funcional de la conducta (modelo ABC) y la Terapia Cognitivo-Conductual. Consiste en un entrenamiento para dotar al sujeto de herramientas cognitivas que cambien pensamientos y actitudes, junto al manejo del estrés y técnicas de relajación e hipnosis clínica.
- Rechazo al exceso tecnológico y farmacológico: Aunque el sector ofrece innovaciones constantes, el facultativo descarta el uso de dispositivos médicos o técnicas de moda como la estimulación transcraneal al no considerarlas necesarias para un cambio de conducta. Tampoco emplea medicamentos como base terapéutica. Los pacientes crónicos mantienen sus pautas psiquiátricas previas si es necesario, pero se advierte que psicofármacos como ansiolíticos o antidepresivos se inactivan o empeoran el cuadro si se mezclan con el consumo activo en la vida diaria.
- Soporte Médico Inicial: Para garantizar la seguridad física, un médico evalúa a los participantes el primer día del retiro con el fin de calibrar el riesgo de síndrome de abstinencia. Aunque se pauta que los pacientes lleven una o dos semanas limpios antes de llegar, si hay riesgo de síntomas físicos se administra una medicación puntual durante apenas un par de días.
El retiro está diseñado estratégicamente para un perfil demográfico muy concreto: personas con un promedio de edad entre los 45 y 50 años (con horquillas comunes de 35 a 60), que son autónomos, profesionales liberales (médicos, abogados, arquitectos) o directivos y propietarios de negocios.
Para este perfil, la “competencia” de los centros residenciales tradicionales —que exigen un internamiento de cuatro a cinco meses— resulta inviable a nivel laboral y reputacional. El Programa Victoria ofrece una alternativa concentrada de 10 días que no destruye sus agendas profesionales y que además garantiza una estricta confidencialidad clínica, al operar en un entorno no clínico (hotel) y sin generar registros institucionales, un punto clave muy valorado por el jurado de los premios de GHP News.
Para grados leves o fases iniciales de descontrol donde el paciente aún no tiene la conciencia o la disposición de invertir diez días de su vida, Ruiz Victoria ofrece alternativas menos intensivas como la terapia individual o el “taller de sobriedad”, un formato de seguimiento online (grupal o individual) de uno a varios meses de duración.

Radiografía de la adicción actual
Con la perspectiva que otorgan 40 años de trayectoria, Bernardo Ruiz Victoria constata una mutación en los hábitos sociales y de consumo en España:
- Menor presión social, mayor consumo emocional: En los años 80, la presión social para beber era gigantesca y el alcoholismo clásico respondía a un patrón diario, continuo de la mañana a la noche. Hoy en día, la abstemia social está normalizada, pero ha aumentado de forma alarmante el consumo por razones puramente emocionales, utilizando la química (sustancias o fármacos desordenados) para anestesiar el dolor derivado del estrés o las crisis sentimentales.
- Consumos explosivos e intermitentes: El patrón actual combina días de sobriedad con episodios de consumo explosivo y destructivo durante el fin de semana, tanto en alcohol como en cocaína.
- Nuevas dinámicas y policonsumo: Se observa un repunte en el uso solitario, una banalización peligrosa del cannabis y la entrada de sustancias nuevas en jóvenes como el Tusi (polvo rosa). Además, la vinculación entre alcohol y cocaína es casi absoluta: el consumidor de cocaína recurre de forma invariable al alcohol, operando este último como un peligroso disparador psicológico de la pérdida de control.
Coste y gestión de recaídas
El coste total del tratamiento ronda los 9.000 euros (dependiendo del hotel). Este paquete cerrado no solo cubre la estancia individual a pensión completa en el hotel durante los 10 días de la fase intensiva, sino que incluye obligatoriamente un seguimiento sistemático de un año completo con el psicólogo.
Los datos clínicos respaldan firmemente la inversión: el programa exhibe una tasa de éxito del 67% en seguimientos de largo plazo (de 5 a 8 años post-tratamiento), un indicador de eficacia científica muy superior a los estándares habituales de la investigación del sector.
Ruiz Victoria aclara con total transparencia que las recaídas existen en la naturaleza humana y que negar su existencia pertenecería “al plano divino”. Sin embargo, argumenta que sus tasas de recaída son menores o iguales a las de tratamientos extenuantes de un año de duración.
Bajo la óptica del programa, si un paciente recae es porque ha dejado de aplicar las pautas y el método conductual aprendido. Al disponer del año de cobertura y seguimiento, la recaída se aborda sin tintes de tragedia: se utiliza como una lección de humildad y una herramienta pedagógica puntual (de dos o tres días) para identificar qué activador se desatendió, permitiendo al paciente reorganizar sus herramientas y consolidar definitivamente su camino hacia una sobriedad duradera.




