Yoga y Pilates: ¿negocio de salud o nueva burbuja del fitness?

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Se está viendo ya en muchas ciudades: cada vez hay más estudios de Pilates reformer, yoga y otras disciplinas similares, incluso en barrios que hasta hace poco no parecían tener público suficiente para sostener establecimientos especializados. Locales pequeños, máquinas alineadas, grupos reducidos, reservas por aplicación y tarifas que en ocasiones superan ampliamente las de un gimnasio convencional. El fenómeno recuerda al de las cafeterías: siempre parece haber espacio para abrir otra, aunque a pocos metros ya existan varias.

¿Estamos asistiendo a una transformación de los hábitos deportivos o a una expansión comercial impulsada por una moda que ha sabido asociar ejercicio, estética y estilo de vida? Y … ¿ los beneficios que se atribuyen a estas disciplinas justifican realmente el precio que estamos pagando por ellas?

Pilates y yoga tienen beneficios físicos demostrados. Pilates mejora la estabilidad del tronco, la coordinación, el equilibrio y determinadas capacidades de fuerza y flexibilidad. El yoga combina movilidad, equilibrio, trabajo muscular y control respiratorio, con beneficios adicionales sobre el estrés y algunos indicadores de bienestar psicológico.

La duda surge cuando se presentan como fórmulas superiores al ejercicio convencional o como métodos capaces de conseguir resultados físicos que otras actividades no proporcionan.

La realidad es que buena parte de sus beneficios pueden obtenerse mediante actividades mucho más accesibles. Nadar, caminar a buen ritmo, montar en bicicleta, practicar gimnasia, entrenar con pesas o realizar ejercicios de movilidad permiten trabajar las mismas capacidades, aunque con estímulos y resultados diferentes.

La natación, por ejemplo, proporciona un excelente entrenamiento cardiovascular y muscular con escaso impacto articular. El entrenamiento de fuerza resulta especialmente importante para conservar masa muscular y salud ósea, dos objetivos fundamentales a medida que envejecemos. Pilates puede complementar ambos, pero no sustituye necesariamente ninguno.

La Organización Mundial de la Salud recomienda combinar actividad aeróbica con fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. No establece ninguna disciplina como superior a las demás. La elección debería depender de los objetivos, las condiciones físicas y la capacidad de mantener una práctica regular.

Por tanto, pagar 25 o 30 euros por una sesión de reformer no significa obtener necesariamente mejores resultados que entrenando en un gimnasio o nadando. Puede significar recibir una atención más personalizada, trabajar con un equipamiento específico y disfrutar de una experiencia más atractiva. Son valores distintos y conviene no confundirlos.

La aspiración también se ha convertido en un producto

Una parte importante del éxito comercial tiene que ver con la transformación del ejercicio en una experiencia de consumo. El estudio ya no vende únicamente una hora de actividad física: vende ambiente, comunidad, exclusividad y pertenencia a una determinada cultura del bienestar.

Instagram y TikTok han contribuido enormemente a esta construcción. Los espacios minimalistas, las máquinas perfectamente alineadas, los conjuntos deportivos coordinados y las fotografías de determinadas posturas han creado una estética reconocible. Marcas como Lululemon y Alo Yoga han sabido convertir la ropa deportiva en un símbolo de estilo de vida.

Esto no significa que todos los clientes acudan por motivos estéticos o sociales. Muchos buscan mejorar su movilidad, recuperarse de una etapa sedentaria, reducir molestias o encontrar una actividad que les resulte agradable. Sin embargo, sería ingenuo ignorar el peso de la aspiración en un negocio que vende salud, imagen y experiencia simultáneamente.

El precio también refleja esa estrategia. Un estudio especializado tiene costes de maquinaria, alquiler, mantenimiento y personal cualificado. Los grupos reducidos justifican parte de la diferencia frente a una clase colectiva convencional. Otra parte corresponde al posicionamiento de marca, la decoración, la ubicación y el valor añadido que el consumidor atribuye a la experiencia.

¿Cuántos estudios puede absorber el mercado?

España ofrece un contexto especialmente interesante. El informe de la Fundación España Activa y Deloitte sitúa en 9.480 el número de centros deportivos del país en 2025, de los cuales 5.806 son centros fitness. El sector presenta una oferta todavía muy fragmentada: el 69% de los centros fitness está gestionado por operadores individuales y el 31% por cadenas.

El interés inversor y las operaciones de concentración empresarial están creciendo, mientras que los formatos especializados ganan presencia. La expansión del Pilates reformer es uno de los ejemplos más visibles.

Club Pilates, perteneciente al grupo estadounidense Xponential Fitness, prevé alcanzar los 45 establecimientos en España al cierre de 2026, después de haber llegado a 40 estudios durante el año. La compañía ya contempla superar los cien centros y extenderse a ciudades que van más allá de los grandes mercados tradicionales. Su evolución demuestra que existe demanda, aunque las previsiones de expansión de una franquicia también responden a sus propios objetivos comerciales.

El mercado continúa muy repartido entre estudios independientes, pequeñas cadenas y gimnasios que incorporan estas disciplinas a su oferta. Sin embargo, existe una estrategia de concentración alrededor de determinadas marcas internacionales.

Xponential es uno de los grupos más relevantes a escala internacional. Su cartera incluye Club Pilates, YogaSix, Pure Barre y StretchLab, entre otras enseñas. En España ha decidido concentrar actualmente su apuesta en Club Pilates. También compiten operadores independientes y marcas nacionales como YogaOne, además de nuevos conceptos que combinan Pilates, entrenamiento de fuerza y barre.

El negocio tiene una particularidad: un estudio no necesita atraer a miles de socios para funcionar. Puede sostenerse con una clientela recurrente, grupos pequeños y una facturación por hora y por metro cuadrado superior a la de algunos formatos deportivos tradicionales. Esa economía explica que puedan aparecer establecimientos en zonas con menos renta que los barrios donde comenzó la expansión.

Pero también plantea un riesgo. Cuando varias empresas detectan la misma oportunidad y abren locales próximos, la demanda tiene que repartirse. La fidelidad al instructor, la calidad del servicio, la ocupación de las clases y los costes fijos determinarán qué negocios sobreviven. El crecimiento de aperturas no garantiza que todos sean rentables.

Quizá la comparación más acertada sea la de la hostelería. Hay cafeterías económicas, establecimientos de especialidad y locales de lujo. Pueden convivir porque atienden a públicos diferentes y ofrecen experiencias distintas. El fitness también puede evolucionar hacia esa estructura: gimnasios asequibles para entrenar por cuenta propia, estudios especializados para quienes buscan atención y equipamiento concreto, y clubes premium que incorporan servicios adicionales.

Se puede tomar cafés caros por puro gusto o lujo, pero en salud la lógica es distinta: es que el consumidor termine pagando un sobreprecio por una promesa de salud que no está suficientemente justificada.

También hay una cuestión de calidad profesional. En España no existe una acreditación estatal única específica para todos los instructores de Pilates, y las formaciones privadas presentan diferencias importantes en duración y exigencia. En yoga conviven certificados oficiales de formación profesional y acreditaciones privadas internacionales. La preparación del instructor puede ser mucho más determinante para la seguridad y los resultados que la marca de la máquina o el diseño del establecimiento.

La expansión de estas disciplinas tiene fundamentos reales y responde a una demanda que probablemente seguirá existiendo. Sin embargo, el mercado tendrá que demostrar que puede mantener la calidad y la rentabilidad cuando desaparezca el efecto novedad.

El consumidor, por su parte, debería plantearse una pregunta bastante sencilla antes de contratar una cuota: ¿estoy pagando por una actividad que responde a mis necesidades físicas o por una experiencia que me gusta consumir? La diferencia puede representar bastante dinero a final de año. Y, desde el punto de vista de la salud, no siempre el ejercicio más caro es el más eficaz.

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