Nuestras pacientes, explica el doctor Alfonso Galán, “suelen quedarse boquiabiertas cuando les explicamos que las repercusiones de estar en menopausia van más allá de los simples sofocos”. Y es que la cultura popular acientífica parece haber reducido este periodo vital de la mujer al molesto incremento de la temperatura corporal, que, de pronto, las sorprende a cualquier hora y en cualquier momento del día.

Pues bien, el problema principal asociado a esta fase del desarrollo de la mujer es el riesgo cardiovascular, el aumento de la posibilidad de tener un infarto o padecer un ictus, entre otros.  Y, sí, también tiene que ver con los sofocos, puesto que, dato curioso, las mujeres que padecen sofocos como síntoma tienen un riesgo mayor de tener un evento cardiovascular que aquellas que pasan por la transición menopáusica sin sufrirlos. A mayor severidad de los sofocos, mayor riesgo.

La causa, según cuenta el experto de Neolife es el descenso en la producción hormonal, que en sus años fértiles protege a la mujer de la que vienen siendo considerada la muerte más probable del ser humano: la enfermedad cardiovascular, que, además de las antes citadas, incluye la posibilidad de sufrir una muerte súbita.

Los escudos protectores femeninos contra estos episodios son la testosterona, los estrógenos y la progesterona. De esta última, producida en los ovarios, se sabe  que las mujeres  con niveles más altos durante su vida tienen menor mortalidad por todas las causas que aquellas mujeres con niveles menores.

El declive hormonal se relaciona también con el riesgo de estos graves episodios en tanto en cuanto se modifican, para mal, los principales indicadores de salud. Los niveles de colesterol llamado malo, el LDL aumentan y los del llamado bueno, HDL, bajan. Las partículas LDL son partículas capaces de formar placas de ateroma que obstruyan nuestras arterias. El mismo efecto negativo producen otras partículas también aterogénicas. Éstas tienen en común una lipoproteína llamada ApoB, cuyos niveles se asocian con el riesgo de tener un infarto agudo de miocardio o un ictus aumentan en la menopausia.

En cuanto al azúcar, la glucosa circulante, y el consecuente riesgo de diabetes o prediabetes, también aumenta por varios motivos en menopausia, uno de ellos es el acúmulo de grasa visceral, en la cintura, y una resistencia a los efectos de la hormona que debe sacar nuestra glucosa de la sangre, que es la insulina.

Con la llegada de la menopausia se ven afectadas las arterias, pero también los huesos, los músculos y el cerebro. Por este motivo, la recomendación es comenzar a trabajar en la prevención de estos riesgos en la llamada perimenopausia, la fase en la que la ausencia de regla aun no es total. Es entonces cuando hay que ponerse en manos de profesionales y seguir los siguientes consejos que nos dejan desde Neolife:

En este sentido, Alfonso Galán recomienda una nutrición rica en lácteos, grasas saludables, granos integrales, vegetales, crucíferas, frutas y proteína de calidad. Aconseja también evitar  los procesados, el alcohol,  y la cafeína, así como la sal en exceso y el picante. Todo ello ayudará contra el acúmulo graso y los sofocos.

Si existen, por último, déficits comprobados en la dieta, se deberá buscar el equilibrio mediante la suplementación de omega3 y vitamina D, entre otros.

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