Pantallas: el cuello también paga el precio de tantas horas frente al ordenador

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Horas de ordenador, teléfono móvil y otros dispositivos pueden terminar reflejándose en el cuello, los hombros, la espalda e incluso en la mandíbula. La postura mantenida y la falta de movimiento tienen mucho que ver con esas molestias que aparecen al final de la jornada.

La fatiga visual suele ser la primera consecuencia que asociamos al exceso de pantallas. Ojos secos, sensación de cansancio, visión borrosa o dificultad para mantener la concentración forman parte de un cuadro conocido y bastante estudiado. Existe otra factura menos visible que puede acumularse durante esas mismas horas: la que soporta el sistema musculoesquelético.

Frente al ordenador, el cuerpo busca continuamente una posición que permita mantener la mirada sobre la pantalla. Con el paso del tiempo, la cabeza puede desplazarse hacia delante, los hombros elevarse o cerrarse y la espalda perder su posición natural. El problema no reside en adoptar ocasionalmente una postura determinada, sino en permanecer mucho tiempo en ella y, sobre todo, en hacerlo con muy poca variación.

Gaby Díaz, osteópata y socio de la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (Cofenat), llama la atención sobre una situación cotidiana: «Habitualmente acabamos con los hombros encogidos, la cabeza adelantada e inclinada y la espalda con chepa».

La posición de la cabeza tiene importancia. Su peso genera una carga que aumenta sobre las estructuras cervicales cuando se desplaza hacia delante. En este contexto suele citarse la llamada text neck para describir las molestias asociadas a mantener el cuello flexionado durante largos periodos, especialmente al utilizar el teléfono móvil. Conviene, sin embargo, interpretar con prudencia las cifras que hablan de multiplicar por cuatro o cinco la carga sobre las cervicales: son estimaciones biomecánicas que dependen del ángulo, la posición corporal y las características de cada persona, y no significan que el cuello esté soportando literalmente una cantidad fija de kilos adicionales.

Lo que sí resulta coherente desde el punto de vista musculoesquelético es que una posición mantenida puede incrementar la demanda sobre determinados músculos y generar fatiga, rigidez y dolor. Las molestias pueden aparecer en la zona cervical y extenderse hacia los hombros, la región interescapular o la base del cráneo. Algunas personas también experimentan cefaleas asociadas a la tensión muscular cervical.

La mandíbula también puede entrar en escena

Hay otro elemento que suele pasar desapercibido: la mandíbula.

El estrés, la concentración prolongada y la propia tensión muscular pueden favorecer que algunas personas aprieten los dientes o mantengan la mandíbula contraída de forma inconsciente. Si esta conducta se repite durante horas, puede aparecer sobrecarga de la musculatura masticatoria y molestias en la zona mandibular, facial o temporal.

En estos casos resulta especialmente útil observar qué ocurre al final de una jornada de trabajo. Rigidez cervical, sensación de pesadez en los hombros, dolor de cabeza, necesidad constante de cambiar de posición o tensión mandibular son señales que merecen atención. También lo es comprobar que necesitamos levantarnos, estirarnos o mover el cuello continuamente para recuperar cierta comodidad.

La ergonomía empieza mucho antes de que aparezca el dolor

La prevención no exige encontrar una postura perfecta y mantenerla durante ocho horas. El cuerpo humano está diseñado para moverse, y una buena ergonomía consiste en facilitar ese movimiento además de colocar correctamente el puesto de trabajo.

La pantalla debería situarse de manera que no obligue a mantener constantemente el cuello flexionado o la cabeza adelantada. En un puesto de ordenador, la altura, distancia y posición del monitor deben permitir una mirada cómoda, mientras que los brazos deberían disponer de apoyo suficiente para evitar una elevación permanente de los hombros.

La espalda también necesita apoyo y, sobre todo, cambios de posición. Levantarse periódicamente, caminar unos minutos, movilizar los hombros y variar la posición del cuello puede ser más relevante que intentar mantener durante horas una postura considerada «correcta».

Con el teléfono móvil la dificultad aumenta. La pantalla suele colocarse demasiado baja y la cabeza se inclina hacia delante para mirarla. Elevar el dispositivo hacia el campo visual, alternar las manos y reducir los periodos prolongados de uso pueden disminuir la carga mantenida sobre cuello y hombros.

También conviene prestar atención a la mandíbula. Los dientes superiores e inferiores no necesitan permanecer en contacto durante una jornada normal. Detectar el hábito de apretar y aprender a relajar conscientemente la musculatura puede ser una medida sencilla cuando existe tensión.

¿Puede ayudar la osteopatía?

Díaz plantea la osteopatía como una herramienta para trabajar la tensión muscular y la movilidad de cuello y hombros. Las técnicas manuales pueden proporcionar alivio a corto plazo en algunas personas con dolor musculoesquelético, especialmente cuando se combinan con ejercicio, educación postural y modificaciones de los hábitos que mantienen el problema.

Conviene situar cada intervención en su lugar. Una sesión manual puede disminuir temporalmente la sensación de rigidez o dolor, pero difícilmente compensará por sí sola ocho horas de inmovilidad, un puesto de trabajo mal ajustado o el uso continuado del teléfono con el cuello flexionado.

Para las molestias cervicales recurrentes, la actividad física, el fortalecimiento de la musculatura y la recuperación de la movilidad tienen un papel fundamental. Y cuando el dolor persiste, se intensifica o aparece acompañado de síntomas neurológicos —como debilidad, pérdida de sensibilidad, alteraciones importantes del equilibrio o dolor irradiado persistente— corresponde realizar una valoración sanitaria adecuada.

La verdadera higiene postural frente a las pantallas tampoco consiste en vigilar obsesivamente la posición de la espalda. Tiene más que ver con crear un entorno que permita trabajar cómodamente, reducir las posiciones mantenidas y recuperar algo que la tecnología ha hecho sorprendentemente fácil olvidar: levantarse y moverse.

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