Las llamadas “limpiezas antiparasitarias” han ganado popularidad en redes sociales, asociadas a síntomas como hinchazón, cansancio o problemas digestivos. La medicina, sin embargo, plantea una pregunta previa: ¿existe realmente una infección que tratar?
Si el intestino funciona mal, aparece hinchazón, gases, cansancio o cambios en el ritmo intestinal, quizá haya un parásito detrás. Una cura antiparasitaria podría entonces parecer una solución sencilla para “limpiar” el organismo.
El problema es que esos síntomas son muy frecuentes y pueden tener muchas causas. Una parasitosis es una posibilidad, pero no puede diagnosticarse simplemente por cómo se siente una persona.
La Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) recomienda orientar el diagnóstico a partir de los síntomas, los antecedentes y las posibles vías de exposición. Haber viajado, consumir determinados alimentos o agua, convivir con una persona infectada o presentar unas circunstancias concretas puede aumentar la sospecha. Sin esos datos, tomar un antiparasitario a ciegas aporta poca información y puede retrasar la búsqueda de la verdadera causa del problema.
Tener un parásito no siempre significa estar enfermo
Aquí aparece una distinción importante. Encontrar un microorganismo en el intestino no significa necesariamente que sea el responsable de todos los síntomas.
Un ejemplo interesante es Blastocystis, un microorganismo intestinal que durante mucho tiempo se ha considerado simplemente un parásito. Una investigación internacional publicada en Cell en 2024, con casi 57.000 personas de 32 países, encontró que su presencia estaba asociada con una alimentación de mayor calidad y con algunos indicadores metabólicos más favorables.
El dato puede resultar sorprendente, pero no significa que Blastocystis sea beneficioso ni que haya que buscarlo o consumirlo. El estudio demuestra una asociación, no que el microorganismo sea la causa de una mejor salud.
La microbiota intestinal es mucho más compleja de lo que sugieren algunas de las actuales “limpiezas intestinales”. Hay microorganismos que pueden resultar perjudiciales en determinadas circunstancias y otros cuya función todavía estamos intentando comprender.

¿Y las curas antiparasitarias naturales?
En internet circulan diferentes combinaciones de plantas que prometen eliminar parásitos. Una de las más conocidas es la llamada cura de Hulda Clark, basada principalmente en nogal negro, ajenjo y clavo.
Que una planta tenga determinadas propiedades en un laboratorio no significa que una mezcla de plantas vaya a eliminar una infección en una persona. Para demostrarlo hacen falta ensayos clínicos en humanos.
En el caso de esta cura no existen pruebas clínicas sólidas que permitan recomendarla como tratamiento general contra las parasitosis.
Además, “natural” no equivale automáticamente a seguro. El ajenjo, por ejemplo, contiene tuyona, una sustancia que puede resultar tóxica en determinadas cantidades. Los extractos concentrados también pueden interactuar con medicamentos o presentar diferencias importantes en su composición.
La pregunta más útil antes de tomar cualquier producto de este tipo es sencilla: ¿se ha demostrado que este producto funciona en personas y para esta infección concreta?
El peligro de convertir un antiparasitario en un tratamiento contra el cáncer
El fenómeno resulta todavía más preocupante cuando algunos antiparasitarios empiezan a promocionarse como tratamientos contra el cáncer o como herramientas para prolongar la vida.
Ivermectina y mebendazol son medicamentos utilizados contra determinadas infecciones parasitarias. Ambos han despertado interés en investigación oncológica debido a resultados obtenidos en células y animales. Eso puede justificar que continúe la investigación, pero no permite afirmar que curen el cáncer.
El caso del fenbendazol es todavía más claro. Se trata de un medicamento veterinario que se utiliza contra parásitos en animales. En los últimos años ha ganado popularidad en internet entre personas que buscan tratamientos alternativos contra el cáncer.
No existe evidencia clínica que permita recomendarlo para tratar el cáncer en humanos. Además, se ha publicado el caso de una paciente que sufrió una lesión hepática grave después de utilizar fenbendazol por su cuenta.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) distingue claramente los medicamentos veterinarios de los destinados a las personas. Que un producto sea eficaz para tratar determinados parásitos en un animal no significa que sea seguro ni eficaz en humanos.
Aquí conviene recordar una regla básica de la investigación médica: un resultado obtenido en una célula o en un animal es el comienzo de una investigación, no el final de la investigación clínica.
¿Y si los parásitos tienen algún efecto positivo sobre la inmunidad?
Esta es probablemente una de las cuestiones más interesantes y también una de las que más fácilmente se presta a interpretaciones exageradas.
Algunos parásitos pueden modificar la respuesta del sistema inmunitario. Los investigadores estudian estos mecanismos porque podrían ayudar a desarrollar nuevos tratamientos para determinadas enfermedades inflamatorias.
De ahí surge una hipótesis conocida como la de los “viejos amigos”: el contacto que nuestros antepasados mantenían con una gran variedad de microorganismos y parásitos podría haber influido en la evolución del sistema inmunitario.
La hipótesis es interesante, pero no significa que infectarse deliberadamente sea saludable.
Los ensayos realizados con determinados gusanos intestinales no han demostrado beneficios suficientes para convertir esta estrategia en un tratamiento recomendado para enfermedades inflamatorias intestinales. Tampoco existe evidencia de que infectarse con parásitos ayude a vivir más años.
Los parásitos existen y algunos sí necesitan tratamiento
Cuestionar las curas antiparasitarias indiscriminadas no significa que las parasitosis sean un invento o que carezcan de importancia.
Existen infecciones parasitarias perfectamente reconocidas por la medicina y que necesitan tratamiento.
El anisakis es un buen ejemplo en España. El consumo de pescado o cefalópodos crudos o insuficientemente cocinados puede producir anisakiasis. La prevención pasa por una correcta manipulación y cocción o, en determinadas preparaciones, por congelar previamente el pescado.
Los oxiuros son frecuentes especialmente entre los niños y producen un síntoma muy característico: picor alrededor del ano, que suele intensificarse por la noche. En estos casos existen pruebas específicas y tratamientos dirigidos al parásito.
La giardiasis también puede producir problemas digestivos y es especialmente relevante en personas que han estado expuestas a agua o alimentos contaminados.
Son situaciones muy diferentes entre sí y, precisamente por eso, no tiene sentido hablar de una única “cura antiparasitaria” que sirva para todo.
Antes de desparasitarse, cuatro preguntas
La primera es probablemente la más importante: ¿qué me hace pensar que tengo un parásito?
Después conviene preguntarse si existe una exposición que lo justifique: un viaje, determinados alimentos, agua no segura, contacto con una persona infectada u otra circunstancia concreta.
La tercera pregunta es qué prueba puede confirmar la sospecha. Dependiendo del parásito, puede ser necesario analizar heces, realizar una prueba específica o utilizar otro método diagnóstico.
Y la cuarta: ¿el tratamiento que me han recomendado está indicado para ese parásito y está destinado a personas?
Si no existe una respuesta clara a estas preguntas, quizá el siguiente paso no sea comprar una cura antiparasitaria, sino consultar con un profesional sanitario.
La medicina dispone de tratamientos eficaces para muchas parasitosis. La clave está en utilizarlos cuando existe una indicación y escoger el tratamiento adecuado para el organismo que realmente está causando la infección.
La popularidad de las limpiezas intestinales refleja también algo más profundo: el deseo de encontrar una explicación sencilla para síntomas que a veces llevan tiempo acompañándonos. En salud digestiva, sin embargo, una explicación atractiva no siempre es la correcta.
Desparasitarse por rutina no forma parte de una estrategia general de prevención para una persona sana. Cuando existe una sospecha real, el diagnóstico permite pasar de la incertidumbre a un tratamiento específico.