Coeus Retroaging: cuando la longevidad se apoya en la tecnología, la nutrición y el cambio de paradigma

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En plena época navideña, cuando los excesos alimentarios y el descanso irregular se normalizan, visitamos en Marbella a Diego Suárez, ingeniero, experto en nutrición y fundador del proyecto Coeus RetroAging, una iniciativa que cuestiona de forma directa muchos de los dogmas actuales sobre alimentación, envejecimiento y salud. Su discurso es contundente, a veces incómodo, pero respaldado —según afirma— por datos, tecnología y años de experiencia práctica.

Suárez no es médico ni pasa consulta, pero se ha convertido en una de las voces más seguidas en redes sociales en materia de longevidad. ¿La razón? Nueve años de trabajo integrando tecnología, inteligencia artificial, epigenética y suplementación, con un objetivo claro: revertir la edad biológica y reducir los factores de riesgo asociados al envejecimiento.

Tecnología y medicina: una alianza inevitable

“Soy ingeniero y llevo nueve años literalmente ‘enchufado’ a la tecnología”, explica. Para él, no existe ya una frontera real entre medicina y tecnología. “Una sin la otra no se complementan. Hoy podemos medir, comparar y verificar qué hábitos nos enferman y cuáles nos rejuvenecen”.

Esta capacidad de medición ha permitido, según afirma, desmontar muchos mitos asumidos durante décadas como verdades absolutas: desde la pirámide alimentaria tradicional —que califica sin rodeos como “la pirámide de la muerte”— hasta la demonización de las grasas o el consumo excesivo de carbohidratos.

“El 80 % de los productos de un supermercado son inflamatorios, adictivos y diseñados para mantenernos enfermos”, sostiene. En su opinión, existe una clara connivencia entre industria alimentaria, farmacéutica y química que ha moldeado nuestros hábitos desde la infancia.

Alimentación moderna: el gran detonante del envejecimiento acelerado

Uno de los ejes centrales de su discurso es la calidad de los alimentos actuales. Suárez insiste en que no comemos peor por falta de información, sino porque los productos han cambiado radicalmente.

“Desde los años 70, el pan es un producto ultraprocesado: más gluten, más aditivos, más azúcares ocultos. Antes tenía cuatro ingredientes; ahora más de veinte”. Lo mismo ocurre, afirma, con frutas, cereales y lácteos.

Especialmente crítico se muestra con la leche: “Somos el único animal que sigue tomando leche en la edad adulta y, además, la mayoría hemos perdido la lactasa. No tiene sentido”. Defiende, eso sí, los lácteos fermentados como yogur griego o quesos curados, así como verduras fermentadas, por su impacto positivo en la microbiota.

“La mejor fruta es la que no se come”, lanza, consciente de la polémica. “Fructosa, picos de glucosa, inflamación… No es necesaria”.

¿Por qué antes se vivía más… sin saber de nutrición?

La pregunta es inevitable: ¿cómo es posible que generaciones anteriores, sin estudios nutricionales ni suplementos, alcanzaran edades avanzadas con mejor salud?

“La respuesta es sencilla”, dice Suárez. “Caminaban más, comían productos reales sin pesticidas, respetaban los ritmos circadianos y vivían con menos estrés”. A ello suma la importancia de la microbiota intestinal y la conexión directa entre intestino y cerebro. Dormir cuando se pone el sol, exponerse a la luz natural, moverse a diario y socializar eran —y siguen siendo— pilares fundamentales de la longevidad.

Retroaging: ¿revertir o frenar el envejecimiento?

Desde Harvard y otros centros de investigación punteros, se empieza a considerar el envejecimiento como un proceso biológicamente modulable. “No hablamos de inmortalidad, sino de cambiar las reglas del juego”, explica Suárez.

A través del análisis epigenético, la medición de biomarcadores y el seguimiento continuo de parámetros como el estrés, el sueño o la resiliencia, RetroAging trabaja para determinar la edad biológica real de los órganos, más allá de la edad cronológica.

“Si erradicáramos el cáncer, la esperanza de vida media aumentaría apenas tres años. Lo que realmente nos mata son las enfermedades asociadas al envejecimiento: cardiovasculares, osteoporosis, artritis… y muchas están directamente relacionadas con la mala alimentación”.

Suplementación, ayuno y disciplina

En un contexto donde los alimentos son cada vez menos nutritivos, Suárez defiende la suplementación estratégica como herramienta clave, siempre acompañada de hábitos coherentes.

“El suplemento no es una excusa para comer mal”, aclara. “La información es poder. Yo no prohíbo nada, explico qué te daña”. Especial énfasis pone en el ayuno y la autofagia, proceso celular por el que el cuerpo elimina células dañadas y senescentes. “No es casualidad que todas las religiones lo hayan incorporado. A partir de 48 horas, el cuerpo entra en regeneración profunda”.

NAD y evidencia científica

Uno de los marcadores estrella en sus protocolos es el NAD (nicotinamida adenina dinucleótido), una coenzima esencial para la energía celular y el envejecimiento saludable.

“Entré con 17 micromoles y, dos años y medio después, tengo 64. Más del doble que una persona en condiciones óptimas”. Estas mediciones, asegura, se realizan mediante pruebas de laboratorio con acuerdos específicos en España. “No creo, sé. Y lo puedo demostrar”, afirma con contundencia.

Democratizar la longevidad

Uno de los puntos más interesantes de su proyecto es la voluntad de hacer accesible la longevidad, tradicionalmente reservada a quienes tienen alto poder adquisitivo.

“Si puedo ofrecer la mejor formulación de magnesio por 30 euros, lo haré. Esto no va de lujo, va de ciencia aplicada a la vida real”.

Actualmente, RetroAging cuenta con su centro principal en Madrid y prevé aperturas en Marbella, Ibiza, Andorra y Colombia, con el objetivo de expandir un modelo basado en datos, prevención y calidad de vida.

“De todos los proyectos que he tenido como empresario, este es el más bonito”, concluye. “Hacer que las personas vivan más y mejor no tiene comparación”.

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