Ni tan bueno, ni tan malo, ni todo lo contrario. Esta expresión podría aplicarse hoy al colesterol, uno de los indicadores de salud más populares, no sólo por su incidencia sino también por las discrepancias que está suscitando en cuanto a sus niveles saludables y sus efectos en el organismo.

El colesterol afecta hoy, según diversos estudios, a más de la mitad de la población española, y su tratamiento se aborda desde distintos enfoques. El más reciente, casi cercano al negacionismo, se muestra escéptico ante la relación entre el colesterol y el riesgo cardiovascular, así como ante los efectos positivos de una dieta baja en grasas. Las estatinas, las medicinas para reducirlo, tampoco se libran de la revisión.

En ella se incluyen también teorías de la conspiración que aseguran que tras la mala fama del colesterol se encuentra la industria del azúcar, empeñada en desviar de su consumo el origen de problemas como la obesidad, la dislipemia o los accidentes cardiovasculares.

Evidencia científica y enfoque flexible y personalizado

En el otro lado nos encontramos con la medicina tradicional, basada en la evidencia científica. Aquí se posicionan instituciones de gran prestigio como la Fundación Española del Corazón, que nos advierte, en primer lugar, del peligro de no someter a controles periódicos a estas partículas de grasa que circulan por el organismo y que se producen, en su mayoría, en el hígado.

Esta institución tiene muy presente, a la hora de abordar el incremento del colesterol en el organismo, su distinta naturaleza. De un lado el conocido como “bueno”, el HDL, encargado de recoger el colesterol sobrante y de devolverlo al hígado para su excreción, y del otro el “malo”, el LDL, ocupado en transportar el nuevo colesterol a todas las células.

Mismos datos de colesterol malo, distinto nivel de riesgo

¿Y qué parámetros debe arrojar una analítica para concluir que estamos lejos del riesgo de sufrir un infarto o una embolia, por ejemplo? Los indicadores estándar cifran como límite para el colesterol total -la suma de los antes explicados- entre los 200 y 240 mg/dl. El primer dato se consideraría normal y el segundo alto. Aquí, el LDL tiene que ser inferior a los 160 mg/dl y el HDL superior a 35 mg/dl en el hombre y 40 mg/dl en la mujer.

Estos baremos se refieren al paciente que no presenta riesgo cardiovascular, y es en relación a este aspecto donde aparece otro punto de vista más flexible en cuanto al diagnóstico y las medidas de control. En él se sitúan los profesionales de la medicina antienvejecimiento de Neolife, quienes destacan que los mismos niveles de colesterol malo pueden suponer diferente riesgo, según herencia genética, hábitos de vida y otros factores. Por ejemplo, explica la doctora Celia Gonzalo, “la persona que fuma, consume alcohol y es sedentaria tiene partículas de colesterol más oxidadas y, por tanto, más peligrosas”. Otra particularidad estaría en quienes padecen diabetes. Mientras que una persona con esta enfermedad requiere mantener un colesterol LDL situado por debajo de 100 mg/dl, en otras situaciones se puede perseguir un objetivo de niveles inferiores a 55 mg/dl.

Cuidado con el colesterol bueno

Huyen así estos profesionales de la consideración estándar en cuanto al colesterol malo, pero también llaman la atención sobre el efecto protector del bueno. Porque nada, ni lo bueno, resulta positivo en exceso. Así, cita un  estudio publicado en el Journal of Thoracic Disease, en el que se muestra cómo las tasas de mortalidad por todas las causas aumentaron significativamente para los hombres con niveles de HDL-C superiores a 97 mg/dl y para las mujeres con más 135 mg/dl. En estos casos, el origen de niveles tan elevados de colesterol HDL es genético.

Nutraceúticos, suplementos, estudio de la microbiota y terapia hormonal, nuevos enfoques y tratamientos

El control del colesterol comienza en Neolife desde la base, esto es, modificando la alimentación, suprimiendo los hábitos tóxicos y promoviendo la actividad física. Después, y teniendo en cuenta que ciertos trastornos hormonales pueden aumentar el colesterol malo, se aborda el problema desde la terapia hormonal, reponiendo las hormonas que han disminuido por otras bioidénticas.

Además de recetar estatinas si es preciso, también se aborda el estudio de la microbiota como medida de control, en tanto en cuanto “tener bajas algunas bacterias beneficiosas favorece que nuestro colesterol malo esté más elevado y predisponen a la aparición de diabetes”.

Los nutracéuticos son otro pilar para el tratamiento. Bajo este nombre se engloban productos alimenticios que proporcionan beneficios para la salud, ya que combinan características de alimentos y suplementos nutricionales. Cita la doctora Gonzalo la levadura de arroz rojo, que se incluye también en el NeoCholesterol Control, un producto natural de Neolife para acompañar a las comidas en caso de hipercolesterolemia.

Por último, desde Neolife, recuerdan que la tan ahora de moda “vacuna contra el colesterol” no es tal, sino que se trata de una medicación inyectable, indicada para cuando las estatinas no cumplen su misión.

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