Durante buena parte del siglo XX, el lactato ocupó un lugar incómodo en la fisiología del ejercicio. Su aumento en sangre y músculo coincidía con los esfuerzos de mayor intensidad, con la sensación de quemazón y con la pérdida progresiva de rendimiento, de modo que durante años se interpretó como una especie de residuo metabólico que el organismo debía eliminar cuanto antes.
La fisiología del ejercicio ha cambiado sustancialmente esa interpretación. El lactato no es un desecho que se acumula pasivamente cuando falta oxígeno, sino un metabolito que el organismo produce y utiliza de manera continua. Hoy sabemos que puede actuar como combustible, como intermediario metabólico y también como molécula de señalización.
La novedad de 2026 es que esta revisión conceptual ha empezado a trasladarse del laboratorio al deporte de máximo nivel. Durante el Tour de Francia, Tadej Pogačar y sus compañeros del UAE Team Emirates-XRG utilizaron en competición una nueva formulación desarrollada junto a Enervit que incorpora lactato sódico a una bebida rica en carbohidratos. El producto combina 90 gramos de carbohidratos, en una proporción 2:1 de glucosa y fructosa, con 10 gramos de lactato sódico y vitamina B1. La compañía asegura que su desarrollo se prolongó durante dos temporadas con los corredores y el equipo de rendimiento.
No se trata, además, de un caso aislado. Durante el mismo Tour apareció una segunda vía comercial, ExoLactate, con una formulación diferente y utilizada en pruebas por otro equipo profesional. La coincidencia resulta significativa porque indica que distintas compañías están intentando resolver una misma cuestión: si es posible incorporar lactato exógeno a la estrategia de fueling de un deportista de resistencia y obtener de él una utilidad que vaya más allá de la que proporcionan los carbohidratos convencionales.
En España, Aurora Intelligent Nutrition (AIN) trabaja ya en el desarrollo de soluciones nutricionales basadas en lactato exógeno. La compañía, especializada en formulación y fabricación de complementos y soluciones nutricionales funcionales, está explorando precisamente uno de los aspectos menos visibles de esta nueva tendencia: cómo incorporar cantidades potencialmente útiles de lactato a matrices de nutrición deportiva que mantengan una adecuada estabilidad, funcionalidad y tolerancia durante el ejercicio. Su aproximación se sitúa todavía en el terreno del desarrollo de producto, por lo que sus formulaciones no deben confundirse con una validación clínica independiente de la eficacia del lactato como suplemento.

De supuesto residuo a combustible metabólico
La idea que sostiene este cambio de perspectiva tiene más de cuatro décadas. El fisiólogo George Brooks desarrolló en los años ochenta la teoría de la Lactate Shuttle, según la cual el lactato actúa como intermediario entre tejidos productores y consumidores de energía. En lugar de quedar atrapado en el músculo hasta que termina el ejercicio, puede circular por la sangre y ser captado y oxidado por otros tejidos.
La investigación posterior ha ampliado considerablemente este modelo. El lactato se produce incluso cuando existe suficiente oxígeno y puede ser utilizado por fibras musculares oxidativas, corazón y cerebro. En determinadas circunstancias fisiológicas, estos tejidos pueden utilizarlo de manera preferente frente a otros sustratos.
Esta distinción es importante porque corrige una de las ideas más persistentes sobre el ejercicio: el lactato no es el responsable de las agujetas que aparecen uno o dos días después de una sesión intensa. La evidencia disponible desde hace décadas descartó esa explicación simplista.
Tampoco resulta correcto afirmar que el lactato sea, por sí mismo, el causante de toda la fatiga durante un esfuerzo intenso. La relación entre lactato, acidosis, metabolismo y fatiga es bastante más compleja. La acidosis muscular y otros cambios metabólicos pueden contribuir a la pérdida de fuerza y potencia, mientras que el lactato puede desempeñar simultáneamente funciones metabólicas y reguladoras.
La evolución de la investigación no se ha limitado al metabolismo energético. En 2019, un trabajo publicado en Nature identificó la lactilación de histonas, una modificación epigenética derivada del metabolismo del lactato capaz de influir en la expresión génica. El hallazgo abrió una nueva línea de investigación sobre el lactato como molécula de señalización, además de combustible.
De ahí procede el término lactormona, utilizado por algunos investigadores para describir sus funciones de señalización autocrina, paracrina y endocrina. El concepto resulta interesante desde el punto de vista de la biología, aunque conviene no confundirlo con una evidencia clínica: que el lactato participe en mecanismos de señalización no significa que consumirlo como suplemento vaya a reproducir automáticamente esos efectos en un deportista.
¿Funciona realmente tomar lactato?
La respuesta, a día de hoy, es bastante menos espectacular que algunos titulares.
Existen estudios que sugieren un posible efecto ergogénico. En un ensayo aleatorizado con 15 personas físicamente activas, una suplementación oral con lactato produjo aproximadamente un 4% más de potencia durante una prueba contrarreloj de 20 minutos, aunque no modificó el VO₂ máximo, el umbral ventilatorio ni la potencia asociada al umbral de lactato. El tamaño reducido de la muestra obliga a interpretar el resultado con prudencia.
Otro estudio realizado en 16 ciclistas entrenados utilizó una dosis mucho mayor de lactato antes de una prueba de intervalos diseñada para reproducir las exigencias de una carrera de carretera. La suplementación modificó favorablemente determinados parámetros ácido-base y redujo la percepción del esfuerzo, pero no produjo una mejora significativa del rendimiento. Además, aparecieron más síntomas gastrointestinales, entre ellos gases, calambres, eructos, dolor abdominal y urgencia intestinal.
El balance actual, por tanto, resulta mucho más interesante que la idea de un nuevo “supercombustible”: existe una base fisiológica sólida para considerar el lactato un sustrato energético y existen señales preliminares de que su administración exógena podría tener utilidad durante determinados esfuerzos, pero todavía no contamos con evidencia suficiente para situarlo al mismo nivel de certeza que las estrategias de ingesta de carbohidratos ya consolidadas.
La estrategia de Enervit resulta especialmente reveladora por la forma en que incorpora el lactato. No pretende sustituir a los carbohidratos, sino añadir otra fuente energética a una estrategia de fueling que ya utiliza cantidades elevadas de glucosa y fructosa.
La formulación empleada por UAE Team Emirates-XRG combina 90 gramos de carbohidratos con 10 gramos de lactato sódico. La propia compañía explica que el producto está concebido para las fases finales y más exigentes de las carreras largas, cuando el aporte energético resulta especialmente crítico.
El dato más interesante quizá sea otro: el producto no se está utilizando como una rutina universal durante toda la competición. La información publicada sobre su utilización en el Tour apunta a un uso selectivo en etapas de elevada demanda energética y a una estrategia todavía en fase de evaluación en condiciones reales de carrera.
Ese matiz importa. Que Pogačar utilice lactato en competición demuestra que una de las mejores estructuras de rendimiento del ciclismo mundial considera suficientemente prometedora la estrategia como para incorporarla a su arsenal nutricional. No demuestra que los 10 gramos de lactato sean responsables de sus resultados ni que la fórmula vaya a mejorar el rendimiento de cualquier ciclista.
La verdadera innovación está en la formulación
La dificultad no consiste únicamente en disponer de lactato, sino en conseguir administrarlo en cantidades potencialmente útiles dentro de una estrategia nutricional que el deportista pueda tolerar durante horas de ejercicio intenso.
La tolerancia gastrointestinal es uno de los obstáculos que todavía aparecen en la literatura científica. De hecho, los resultados disponibles muestran que incrementar la cantidad de lactato ingerido no garantiza una mejora proporcional del rendimiento y puede generar molestias digestivas.
Por eso el desarrollo de productos como el de Enervit y la aparición de alternativas como ExoLactate resultan relevantes incluso antes de que exista una conclusión definitiva sobre su eficacia. La industria está intentando resolver cuestiones muy concretas de dosis, forma química, concentración, transporte intestinal, combinación con carbohidratos y tolerancia durante el esfuerzo.
El próximo paso será determinar en qué circunstancias esa tecnología ofrece realmente una ventaja respecto a las estrategias de nutrición deportiva que ya funcionan.
El interés por el lactato no nace, por tanto, de una moda repentina. La transformación conceptual comenzó hace décadas y hoy existe una base científica considerable para entenderlo como un metabolito dinámico con funciones energéticas y de señalización.
Lo que sí es nuevo es el intento de convertir ese conocimiento en una herramienta nutricional de uso práctico y, sobre todo, hacerlo en el entorno más exigente posible: la competición profesional.
La presencia del lactato en el Tour de Francia de 2026 marca un cambio de escenario, no el final de la discusión científica. La verdadera prueba llegará cuando puedan compararse de forma independiente distintas formulaciones, dosis y estrategias de administración en ensayos suficientemente grandes y, especialmente, cuando se pueda determinar si las mejoras observadas en laboratorio se traducen de manera consistente en tiempo, potencia o capacidad de mantener el rendimiento durante una carrera.
De momento, el lactato ya ha dejado de ser el villano metabólico que durante años se creyó que era. Que llegue a convertirse en una herramienta imprescindible para el deportista de resistencia es una cuestión mucho más interesante y, sobre todo, ha despertado el interés de fabricantes especializados como Aurora Intelligent Nutrition, que trabaja en nuevas matrices de nutrición deportiva con lactato exógeno, mientras las compañías internacionales empiezan a llevar sus primeras formulaciones a las grandes vueltas.