Neumonas: el prometedor neuromodulador no invasivo para tratar el Parkinson y el ictus

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La neuromodulación se ha convertido en una de las áreas más fascinantes de la medicina moderna. La posibilidad de intervenir sobre la actividad cerebral para restaurar funciones perdidas, mejorar síntomas neurológicos o incluso favorecer procesos de reparación neuronal ha dejado de ser una hipótesis futurista para convertirse en una disciplina científica en plena expansión.

Sin embargo, gran parte de las tecnologías disponibles siguen enfrentándose a importantes limitaciones. Alcanzar regiones profundas del cerebro con precisión, evitar procedimientos invasivos y lograr una estimulación selectiva de grupos neuronales concretos continúa siendo uno de los grandes desafíos de la neurociencia aplicada.

En este contexto, un desarrollo liderado por TECNALIA podría representar un nuevo paso en esa dirección. El centro de investigación aplicada y desarrollo tecnológico ha presentado Neumonas, un prototipo experimental capaz de modular la actividad neuronal mediante nanopartículas activadas desde el exterior del organismo mediante luz y campos magnéticos, sin necesidad de cirugía.

Los resultados obtenidos hasta el momento corresponden exclusivamente a estudios preclínicos en modelos animales, pero el proyecto abre una línea de investigación especialmente interesante para patologías como el ictus o la enfermedad de Parkinson.

Qué es la neuromodulación y por qué genera tanto interés

El cerebro funciona gracias a complejas redes neuronales que intercambian señales eléctricas y químicas de manera constante. Cuando estas redes se alteran por una lesión cerebral, una enfermedad neurodegenerativa o un trastorno neurológico, determinadas funciones pueden deteriorarse progresivamente.

La neuromodulación busca precisamente intervenir sobre esos circuitos para modificar su actividad.

Las técnicas actuales más conocidas incluyen la estimulación cerebral profunda, que requiere implantar electrodos mediante cirugía, y sistemas no invasivos como la estimulación magnética transcraneal (TMS) o la estimulación eléctrica transcraneal (TES). Aunque han demostrado utilidad clínica en determinados contextos, presentan limitaciones importantes relacionadas con la profundidad de actuación, la precisión espacial o la capacidad para alcanzar regiones cerebrales específicas.

Por esa razón, la búsqueda de nuevas plataformas capaces de actuar de forma más selectiva constituye uno de los grandes objetivos de la neurotecnología contemporánea.

Nanopartículas guiadas hacia el cerebro

El proyecto Neumonas plantea una estrategia radicalmente diferente. El sistema emplea nanopartículas diseñadas específicamente para alcanzar zonas cerebrales concretas. Algunas están compuestas por oro y transforman la energía lumínica en calor; otras poseen propiedades magnéticas y convierten campos magnéticos externos en energía térmica.

Ese aumento controlado de temperatura permite activar neuronas seleccionadas con un nivel de precisión que, según los investigadores, podría superar ampliamente las capacidades de las tecnologías actuales.

Una de las características más innovadoras del desarrollo es su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica, el sofisticado sistema de protección que separa la circulación sanguínea del tejido cerebral.

La barrera hematoencefálica constituye una de las principales dificultades para el tratamiento de enfermedades neurológicas. Aunque protege eficazmente al cerebro frente a sustancias potencialmente dañinas, también impide que numerosos fármacos lleguen a su lugar de acción.

Según los investigadores, el sistema desarrollado permite abrir esta barrera de forma temporal, controlada y reversible para facilitar la llegada de las nanopartículas a las regiones diana.

Resultados prometedores, pero todavía preliminares

Los experimentos realizados en ratones han mostrado resultados que justifican el interés generado por el proyecto.

En modelos de ictus se observaron efectos neuroprotectores asociados a una reducción del volumen de la lesión y del riesgo de muerte celular. En modelos de enfermedad de Parkinson se registraron mejoras sintomáticas y una aparente ralentización de la progresión de la enfermedad.

Son hallazgos relevantes, pero conviene interpretarlos con la prudencia que exige la investigación biomédica.

La historia de la medicina está llena de terapias que ofrecieron resultados espectaculares en animales y que posteriormente no lograron reproducir el mismo impacto en seres humanos. Las diferencias biológicas entre especies, la complejidad del cerebro humano y las exigencias regulatorias convierten el camino desde el laboratorio hasta la clínica en un proceso largo y extremadamente exigente.

Por ese motivo, los datos actuales deben considerarse una prueba de concepto sólida, no una demostración de eficacia clínica.

El gran reto: demostrar que funciona en humanos

El siguiente paso para el proyecto consiste en iniciar la transición hacia estudios clínicos en humanos.

La buena noticia es que parte de la infraestructura necesaria ya ha comenzado a desarrollarse. Los investigadores han validado un sistema de monitorización basado en electroencefalografía de alta densidad capaz de registrar actividad neuronal profunda en pacientes con enfermedad de Parkinson, facilitando el seguimiento en tiempo real de los efectos de la neuromodulación.

Sin embargo, demostrar la seguridad y eficacia de una tecnología de esta complejidad requiere inversiones muy significativas.

Los ensayos clínicos avanzados representan una de las fases más costosas de cualquier innovación biomédica. Reclutar pacientes, cumplir los requisitos regulatorios, fabricar dispositivos bajo estándares clínicos y realizar seguimientos prolongados implica inversiones de decenas de millones de euros incluso antes de una eventual aprobación sanitaria.

La búsqueda de financiación se convierte así en un elemento tan importante como el propio desarrollo tecnológico. Sin ese respaldo económico resulta imposible validar científicamente si los resultados observados en modelos animales pueden traducirse en beneficios reales para los pacientes.

Una nueva generación de neurotecnologías

Más allá de los resultados concretos del proyecto Neumonas, el desarrollo refleja una tendencia creciente dentro de la medicina de precisión: intervenir sobre circuitos neuronales específicos con la mínima invasividad posible.

La convergencia entre nanotecnología, neurociencia, física de materiales e inteligencia computacional está dando lugar a herramientas que hace apenas una década pertenecían al terreno de la ciencia ficción.

Todavía es pronto para saber si esta plataforma acabará convirtiéndose en un tratamiento clínico para enfermedades como el Parkinson o las secuelas del ictus. Lo que sí parece evidente es que abre una vía de investigación particularmente atractiva dentro de la neuromodulación de nueva generación.

Los próximos años serán decisivos. Solo los ensayos clínicos rigurosos podrán determinar hasta qué punto esta tecnología mantiene en humanos las prometedoras capacidades observadas en el laboratorio. Si los resultados se confirman, estaríamos ante una de las aproximaciones más innovadoras para modular la actividad cerebral sin cirugía desarrolladas hasta la fecha.

Detrás de este desarrollo se encuentra un amplio consorcio científico coordinado por TECNALIA, en colaboración con Achucarro Basque Center for Neuroscience, Donostia International Physics Center, Centro de Física de Materiales, Fundación Biofísica Bizkaia, Bitbrain, la Universidad del País Vasco y la Clínica Universidad de Navarra. El proyecto ha reunido perfiles procedentes de la neurociencia, la física, la nanotecnología y la ingeniería biomédica. Entre los investigadores destacados figuran Ander Ramos, responsable científico del proyecto; Marek Grzelczak, cuyo equipo desarrolló las nanopartículas; Maite Insausti, especializada en nanopartículas magnéticas; Mónica Carril, encargada de la funcionalización de las nanopartículas; Aitzol Garcia-Etxarri, responsable de las simulaciones teóricas; así como Abraham Martin, Luis Montesano y Maricruz Rodriguez, que han participado en la validación preclínica y en el desarrollo de los sistemas de monitorización destinados a la futura traslación clínica.

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