A unos 40 minutos de Reikiavik, en la localidad de Hveragerði, el paisaje geotérmico islandés acaba de incorporar un nuevo destino de baño que plantea una experiencia más amplia que la tradicional laguna termal. Reykjaböð Hot Springs combina una gran piscina geotérmica abierta al paisaje con un bathhouse de acceso limitado concebido alrededor de los contrastes de temperatura, el vapor, el agua, la nieve y el descanso.
La propuesta parte de una idea sencilla: en Islandia, el frío forma parte de la experiencia termal tanto como el calor. El proyecto ha llevado esa particularidad hasta sus últimas consecuencias, incorporando incluso una sala de nieve real que permite experimentar el contraste térmico de una manera diferente al habitual baño de agua fría.
La geotermia aporta a Reykjaböð una ventaja que va más allá de la experiencia wellness: el calor natural del subsuelo islandés puede abastecer parte de las necesidades energéticas del complejo y reducir los costes asociados al calentamiento del agua y de los espacios. En un sector donde mantener piscinas, saunas, baños de vapor y sistemas de climatización supone una partida importante del gasto operativo, disponer de una fuente de energía térmica local representa una ventaja competitiva y ambiental. Aunque el aprovechamiento geotérmico requiere infraestructura, mantenimiento y consumo eléctrico, permite reducir la dependencia de otras fuentes energéticas y vincular la eficiencia económica del negocio al recurso natural que constituye su principal atractivo.
El desarrollo ha sido impulsado por tres socios —Hveraberg, Dionysus e Icelandia— que participan a partes iguales en la sociedad propietaria. Hveraberg aporta además su experiencia en desarrollo turístico y es propietario del cercano Greenhouse Hotel, mientras Icelandia está especializada en turismo y operación de viajes. La gestión de Reykjaböð corre a cargo de una sociedad independiente participada por los mismos tres grupos.
El proyecto ha contado con la participación de la consultora internacional de spa y wellness Katherine Connolly, junto al estudio Reykjavik Arkitektar, el diseñador de interiores Hálfdán Pedersen y el diseñador de iluminación Þórður Orri Pétursson.

Del baño geotérmico al recorrido sensorial
Reykjaböð se articula en torno a dos experiencias diferentes. La primera es la gran laguna geotérmica, concebida para recibir a un número mayor de visitantes y favorecer una experiencia más social, abierta al paisaje y al clima islandés. La segunda es el bathhouse, de capacidad más reducida y reservado a mayores de 18 años.
En este segundo espacio, el visitante encuentra una sucesión de ambientes dedicados al calor, el frío y el descanso: sauna de infusión, sauna para eventos, baño de vapor, duchas de contraste, piscina fría, piscina Kneipp y una zona de relajación junto al fuego.
También hay una piscina de hierbas y un espacio de flotación en el que se utiliza un sistema de soporte para la cabeza que permite experimentar una sensación de ingravidez. Las instalaciones de sauna y vapor han sido suministradas por Klafs, mientras que la sala de nieve corresponde a TechnoAlpin Indoor.
El circuito no pretende imponer un recorrido obligatorio. La filosofía del proyecto permite que cada visitante module la intensidad de la experiencia y combine calor, frío y descanso según sus preferencias.
Esa libertad resulta especialmente interesante en un momento en que la cultura del contraste térmico —sauna, inmersión fría y recuperación— ha adquirido una enorme popularidad internacional. Reykjaböð plantea el concepto desde una perspectiva menos orientada al rendimiento y más vinculada al ritual del baño y a la relación con el entorno.
La nieve como parte del ritual
La sala de nieve ocupa un lugar singular dentro del proyecto. En lugar de limitar el contacto con el frío a una inmersión en agua, introduce nieve real después de experiencias de calor, vapor o agua geotérmica.
Desde el punto de vista sensorial, el cambio es inmediato. La piel pasa de un ambiente cálido y húmedo a un espacio seco y frío, mientras el propio paisaje interior adquiere una textura que recuerda al exterior islandés.
La elección también responde a una cuestión conceptual. Si el proyecto pretende expresar la identidad geotérmica de Islandia, el contraste entre calor y frío resulta esencial: agua caliente procedente de la actividad volcánica, aire frío, nieve, vapor, piedra y grandes espacios abiertos forman parte del mismo ecosistema.
Conviene diferenciar esta experiencia de cualquier promesa terapéutica. El contraste térmico puede producir respuestas fisiológicas conocidas, como cambios transitorios en la circulación periférica y en la percepción de activación o relajación, pero los beneficios atribuidos actualmente a protocolos extremos de frío y calor requieren todavía una interpretación prudente. Reykjaböð los plantea fundamentalmente como parte de una experiencia de bienestar y cultura termal.
Un spa que mira al paisaje
La arquitectura y el diseño buscan que el entorno tenga un papel activo. La laguna está orientada hacia el paisaje, el cielo y las condiciones meteorológicas de la zona, mientras que el bathhouse propone una atmósfera más recogida, basada en temperatura, aromas, sonidos y diferentes texturas.
Esta relación con el territorio constituye uno de los elementos diferenciales del proyecto. La intención de sus responsables ha sido evitar trasladar a Islandia un modelo internacional de spa y adaptar la experiencia a los elementos que definen el lugar.
El resultado combina referencias muy reconocibles de la cultura nórdica del baño con recursos contemporáneos de diseño wellness. El calor geotérmico, la nieve, el vapor, el agua fría y el descanso funcionan como diferentes capítulos de una misma experiencia.
Reykjaböð dispone de tres salas de tratamiento, incluida una habitación para parejas destinada a masajes, aunque los tratamientos no constituyen el eje de la propuesta.
La oferta se completa con un restaurante que trabaja con ingredientes islandeses y una carta de platos y bebidas de temporada. La gastronomía forma así parte del tiempo de permanencia en el complejo, junto con el baño y las diferentes experiencias térmicas.
El acceso a las aguas termales está permitido a partir de los 10 años, mientras que el bathhouse está reservado exclusivamente a mayores de 18. El precio de un pase diario parte de 7.900 coronas islandesas, unos 53 euros al cambio indicado en el lanzamiento.

Una nueva generación de destinos termales
Islandia cuenta con una extraordinaria ventaja competitiva para el desarrollo del turismo termal: la geología del país convierte el agua caliente en un elemento natural del paisaje. Reykjaböð parte precisamente de ese patrimonio, aunque amplía la experiencia hacia un concepto más sofisticado de baño.
La diferencia está en la forma de utilizar los elementos. Agua geotérmica, vapor, sauna, nieve, frío, hierbas, flotación, fuego y silencio aparecen integrados dentro de una misma narrativa sensorial.
Con ello, Reykjaböð se incorpora a una generación de proyectos wellness que entienden el spa como una experiencia espacial y cultural, además de como un lugar para recibir tratamientos. En este caso, la identidad del destino no procede de añadir instalaciones de forma indiscriminada, sino de trabajar con los recursos que ya definen el territorio.
En Hveragerði, el calor que emerge del subsuelo y el frío que domina el paisaje exterior dejan de ser dos condiciones opuestas para formar parte de un mismo ritual. Esa es, probablemente, la idea más potente de Reykjaböð: hacer del contraste térmico una expresión de la propia naturaleza islandesa.